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martes, 30 de diciembre de 2014

Book Tag #3 El Cuerpo Humano Literario

Holaa! 
Hoy voy a hacer un BookTag que he visto a una blogger que me gusta mucho (pincha aquí para ver blog) porque... Pues por que me aburro y me apetecía hacerlo (?) jaja
Empecemos.

Ojos: Libro del que te enamoraste a primera vista 

He elegido Maravilloso Desastre, de Jamie McGuire porque fue verlo y querer leerlo. Tiene una portada perfecta que oculta una historia maravillosa. 




Boca: Un libro del que todos hablan

He elegido El Corredor del Laberinto, por James Dashner. Todo el mundo desde que salió la película "se ha convertido en super fans" de Dylan O´Brien y de la trilogía. 




Pulmones: Libro vital en tu vida 

Creo que ya lo he comentado antes. La Saga de Cazadores de Sombras, de la perfecta Cassandra Clare. Se que solo debería escoger un libro pero es que toda la saga es genial. 



Estomago: Libro que devoraste 

Si Decido Quedarme, de Gayle Forman. Lo leí en alrededor de una hora. 



 Hígado: Un libro muy gordo 

No estoy segura pero creo que mi libro más gordo es La Cúpula de Sthepen King. Que por cierto, lo conseguí por solo 5 euros cuando cuesta alrededor de 30. Tenía que decirlo :') 



Apéndice: Un libro que ni te gusto ni te disgusto 

Definitivamente, Ese Instante de Felicidad. Todo el mundo siempre critica a Federico Moccia, aunque obviamente también tendrá sus fans, y a mi todos los libros que he leído ni me encantan ni los odio. Están como en un punto intermedio.  



Corazón: Libro romántico 

Puede que no sea el libro, mas bien saga, más romántico que he leído. Hush Hush de Becca Fitzpatrick  tiene una relación muy empalagosa entre sus personajes principales. 



Cerebro: Libro reflexivo y realista 

Campos de Fresa, de Jordi Sierra i Fabra.



Cabello: Libro superficial

No quiero decir que es superficial, pero cuando pienso en Alaska Young me parece que este es su sitio. Buscando a Alaska, John Green.


Uñas: Un libro que cuidas mucho 

La verdad es que los trato a todos por igual. Los cuido lo mejor que puedo :)

domingo, 28 de diciembre de 2014

Club Adopta un Blog

    Holaa! Quería deciros que voy a participar en un "Club" creado por el blog de Yurika Sekai que consiste en que los blogs con más de 100 seguidores apadrinen a los que no tienen muchos, como yo, para ayudarles a abrirse un pequeño paso en el mundo de Blogger. 
    Creo que es una gran idea ya que también ayuda a conocer blogs muy buenos pero que son desconocidos. 

sábado, 27 de diciembre de 2014

Mejor Que Corregir Exámenes

    Llamó a la puerta antes de entrar. Como imaginaba, Louis está sentado en la mesa, supongo que corrigiendo los exámenes que hemos hecho a primera hora. Levanta la mirada a través de sus gafas y se fija en mí.
    Con la falda arremangada por el ombligo voy sonriendo coqueta hacia él. Louis sonríe y deja a un lado los exámenes. Me siento a horcajadas sobre su regazo. Muerdo sus labios pretendiendo excitarlo. Lo consigo. Un bulto crece bajo su pantalón. 
    Nuestras lenguas se mueven juntas en un baile lento, lujurioso y sensual. Balanceo las caderas alante y atrás haciendo crecer más su deseo. Sus manos se mueven por debajo de mi camisa, por debajo de mi sostén, por debajo de mi falda. Están por todas partes.
    Me pongo a la altura de sus rodillas y empiezo a desabrochar su pantalón.
    Su erección espera que la mimen y yo estoy más que dispuesta a ello. 
    La agarro con ambas manos y lamo la punta despacio.  Mis manos se mueven arriba y abajo mientras mi lengua hace su trabajo. Veo el placer que siente en su expresión.  Acaricio sus testículos. Su pene entra en mi boca. Primero voy suave, con cuidado. Después lo empujo hasta que lo siento en la garganta pero lo saco antes de que me entren arcadas. Repito este proceso varias veces. Sujeta mi pelo en un "coleta" para impedir que me moleste.
    Escucho sus gemidos, cortos, roncos y llenos de satisfacción. 
    -Oh Cosette... -Susurra. 
Me gusta como suena mi nombre en sus labios. 
    Aprieto más su pene en mi boca. Sus gemidos se vuelven más  continuos.
Louis hace el ademán de apartarse pero no quiero que lo haga. 
    -Cosette voy a... -Consigue decir antes de que su respiración le impida hablar más. 
    -Venga, Louis. Lo quiero. Dámelo. -Le digo sin dejar de masajear su pene. 
Y no se hace de rogar. 
    Su semilla invade mi boca y lo trago rápidamente. 
    La respiración de Louis se ralentiza. Me pongo de pie y mirando a mi profesor sonrío sintiéndome poderosa. Él, que también me mira sonriendo, me atrae hacia si. 
    -Es usted maravillosa, señorita Abans. 
    -No lo ponga en duda, profesor. 

jueves, 25 de diciembre de 2014

Mi País de las Maravillas.

    Los minutos son segundos en su clase. Su voz resuena en mi cabeza. No encuentro sentido a sus palabras y apenas me importa, solo puedo concentrarme en mirarlo.
    Mi nuevo profesor de física y química, relativamente nuevo, Louis Vivien, se desenvuelve sin problemas en la clase explicándonos el movimiento rectilíneo. Es muy alto, rondará el metro noventa, musculoso pero a su vez delgado, el cuerpo perfecto para alguien de 32 años. Lleva el pelo corto y algo despeinado. Mi mirada se clava en sus ojos cafés que ahora miran a los míos.
    El mundo que me rodea se detiene y solo soy capaz de escuchar los latidos de mi corazón. El tiempo de mi universo paralelo corre a cámara lenta. Los labios de Louis formando palabras, los míos entreabiertos, luchando por hacer recordar a mis pulmones como respirar. 
    Un golpecito en la cabeza me trae de vuelta al mundo real. La clase estalla en risas. Bajo la mirada, un trozo de tiza aterriza en mi mesa y cae sobre mi falda de cuadros. Cuando la levanto de nuevo todos mis compañeros me miran expectantes incluido Louis que parece estar esperando una respuesta.
    -Cosette, me gustaría de veras que estuvieras en mi clase y no en Tu País de las Maravillas.
    Un calor abrasador recorre mis mejillas. Es difícil pero consigo apartar los pensamientos impuros que rondan mi cabeza cuando lo miro.


    Al acabar la clase el aula se va vaciando mientras yo recojo mis libros, solo quedamos nosotros dos.
    -Cosette, acércate un momento por favor. –Cual dócil e indefensa gacela me acerco con cortos pasos hacia él. Estamos cara a cara. -¿En que pensabas?
    -¿Perdone? –Respondo desconcertada.
    Salimos juntos de clase, yendo hacia la sala de profesores.
    -Antes, cuando me has hecho llamarte la atención. ¿En que estabas pensando?
    Mis pómulos vuelven a encenderse junto con algo más. Deseo.
    Con una mano, y dejándome pasar primero, abre la puerta.
    -Pasa. –Dice sonriendo.
    Oh Dios, esa sonrisa. Su sonrisa, que tantas cosas me ha hecho sentir a lo largo de este curso.
    La gacela vuelve a hacer acto de presencia.
    La puerta se cierra detrás de mí.
    -¿Y bien?
  -Yo… -¿Desde cuándo estamos tan pegados el uno al otro? -No estaba pensando en nada en realidad. 
    Suelta una risita divertida que ilumina mi corzón. 
    -Mentirosa.
    Ahueca mis mejillas con ambas manos y sus labios se posan en los míos. Debo de estar soñando porque esto no puede ser real. Me empotra contra la puerta sin dejar de besarme. Siento su deseo presionado en mi vientre. Me tiemblan las piernas. Agarra mi cintura levantándome del suelo y sentándome en una de las mesas. Sus ojos me devoran, muerde su labio inferior como si tuviera que resistir a la tentación que tiene delante. Yo. Pero no quiero que aguante sus ganas de mí, quiero que se deje llevar conmigo.
    Separa mis piernas y se cuela entre ellas. Le atraigo hacia mí tomando su cuello, nuestras bocas se vuelven a unir. Me besa con fuerza, con hambre, con ansia.
    Con su mano ahora en mi cuello y la mía en su pecho, muerde mi mentón. Su otra mano, mientras, desabrocha todos los botones de mi camisa. Nunca habían parecido tantos. Mi sujetador acaba en el suelo junto a mi camisa. Endurece mis pezones con su lengua haciendo que un escalofrío recorra todo mi cuerpo y manda ríos de caliente electricidad a mi bajo vientre.
    Louis se arrodilla frente a mí. Acaricia el interior de mis muslos acercándose cada vez más a mi monte de Venus. Ya no tengo nada de ropa encima a parte de los calcetines.
    Empieza a jugar conmigo, hace bailar sus dedos en mi interior y entretiene a su lengua con mi clítoris. Gimo, mi espalda se arquea involuntariamente. Parece que la física no es lo único que se le da bien. Me deja al borde del clímax. Vuelvo a encontrarme con sus labios y puedo saboreárme a mi misma.
    Con mis piernas enroscadas en su cintura desabrocho su pantalón acariciando su entrepierna. Ahí está. Su erección se presenta imponente ante mí. Dura, palpitante y grande. Muy grande.
    Lo frota contra mi sexo lenta y plácidamente. 
    En una estocada me penetra.
    -¡Ah Louis!
    Siento su pene dentro de mí. Clavo las uñas en su espalda y él gruñe en respuesta. Estamos tan unidos, formando un único ser lleno de piernas y brazos, que no se sabe donde empieza un cuerpo y donde termina el otro.
    -Cosette… -Susurra en mi oído mordiendo después el lóbulo de mi oreja.
    Mis músculos se contraen alrededor de su miembro viril apretándolo. Este se hace más grande. Las estocadas de Louis son cada vez más rápidas y fuertes. Siento que voy a explotar. Y exploto.
    Todo mi cuerpo se despierta. Junto mi cadera aún más a la suya. Oleadas de calor recorren cada centímetro de mi piel, erizándome el vello de la nuca, obligándome a doblar los dedos de los pies y a poner mis ojos en blanco mientras de mi boca se escapan un par de palabras sucias.
     Louis también explota. Su semilla chorrea caliente por mi sexo.
    Nunca me había sentido tan viva.
    -No se en que estaría pensando antes Cosette, pero te diré algo. Yo estaba pensando exactamente en lo sexy que estarías así. Era yo el que estaba en Mi País de las Maravillas. –Posa un pequeño beso en mi boca –Vístete, no sería muy conveniente que alguien nos viese ahora. 
   



martes, 2 de diciembre de 2014

A Escondidas.

    La puerta del baño está entornada. Por una pequeña franja puedo ver como Melibea se mete en la bañera. Obviamente, está desnuda. 
Siempre me ha sorprendido lo pequeña que es. Su cuerpo es más palido ahí en donde no toma contacto con el sol. Empieza a ser más curvilinea y sus pechos están creciendo debidamente. En poco más de un año todos los hombres querran estar entre sus piernas. No, no quiero que esté con alguien más. No quiero que nadie la desee, es mía. 
    Algo en mí empieza a despertarse. 
    El espejo se ha empañado con los vapores del agua, lo que hace que Mel no pueda verme a no ser que se de la vuelta.
    Hay un movimiento en el agua. Mel deja que el agua mezca su mano sobre su vientre. Cada vez está más abajo y más pegada a su cuerpo. 
    Contengo la respiración.
    Mel se deja llevar y hunde todo su cuerpo en el agua, exceptuando la cabeza. Dobla sus piernas dejando sus rodillas en la superficie. Juega con ella misma, su pecho sube y baja al ritmo de su acelerada respiración. Ahoga un grito, luego otro, y al tercero tiene que taparse la boca con la mano para que no la oigan. 
    Freno las ganas de entrar ahí, quitarme la ropa y hacerle el amor en la bañera. Mis ansias de ella son dificiles de controlar, pero consigo hacerlo. 
    ¿Se puede saber que coño me pasa?
    Tiene 15 años Marius... Y sí, has besado a infinitas mujeres y los besos de Mel han sido los mejores pero... Eso no quita que sea una niña. Pero... No puedo apartar la vista de ella. 
    Es demasiado bonita  
    Veo en su cara que está a punto de llegar a la cima. Necesito tocarla. Arquea la espalda y muerde su mano reflejando en ella su placer. Susurra un nombre, hace que se me ponga la piel de gallina. "Marius". Y por un segundo, veo como sus ojos penetran los mios.

viernes, 25 de julio de 2014

CAPITULO 6

Melibea

    Estoy en un mundo sin color. Sola. Puedo escuchar como chocan pequeñas gotas contra el suelo. Pero no se de donde vienen.
    Alcanzo a ver unas sombras en la lejanía, doy cortos pasos hacia ellas. Con cada paso empiezo a ver mejor y ya puedo distinguir que se trata de tres personas. El goteo se hace más fuerte, y más continuo. Voces retumban en mi cabeza. No consigo entender lo que dicen. Ya alcanzo a ver mejor. Un hombre y una niña, la otra persona está ahora tirada en el suelo. Sin saber por qué corro en su dirección. Las palabras cada vez son más claras.
    “No vales para nada” “Todas las mujeres sois unas putas” “Inútiles y guarras””Inútiles y guarras” “Inútiles y guarras”
    Tapo mis oídos y cierro los ojos con fuerza. Caigo de rodillas, grito. Las voces y ese goteo continuo son demasiado fuertes. Mi cabeza va explotar. Para.
    Siento algo húmedo y caliente en las manos, al mirarlas veo sangre. Levanto la vista, lo que veo es de todo menos bonito. Una bestia dentro del cuerpo de un hombre corpulento, pero sus ojos rojos le delatan. Al fin y al cabo son las ventanas del alma, ¿no?
    Bestia, madre e hija.
    Mi corazón se acelera.
   A duras penas consigo ponerme de pie sin apartar la vista de la escena que ocurre ante mis ojos. La bestia golpea a mi madre en el estomago una y otra vez con el pie. Mi otra yo la mira  incapaz de moverse. Es extraño ver esto desde fuera. Pestañeo y ya no estoy donde antes, sino en el lugar que ocupaba mi doble. Mi madre ya no respira… La puta historia se repite. Él viene a por mi, intento correr pero mis pies parecen de plomo y no puedo moverme. Empiezo a temblar. Y justo en el momento en el que las manos de mi padre me van a tocar, grito.
    Despierto aterrorizada. El pelo pegado a mi nuca. Un sudor frío me recorre la espalda. Entierro la cara entre mis rodillas llorando. Aún tengo los pelos de punta y sigo temblando. Ojala Antoni estuviera aquí para consolarme, cogerme de la mano y decirme que no iba a pasarme nada malo nunca más. Como si Dios me hubiera escuchado una persona entra en la habitación. Por una milésima de segundo pienso en la posibilidad de que sea Antoni. Que decepción.
    -Melibea, ¿estas bien? -Niego con la cabeza sin mirarle, me cuesta respirar. Las lágrimas salen sin control.
    Marius se sienta en el borde de la cama y pone una mano sobre mi espalda.
    -Ey, tranquila. No pasa nada, ¿un mal sueño? –Asiento- Respira renacuja…
    Cuando consigo calmarme un poco le miro. Que raro, no lleva camiseta.
    -Mel, no pasa nada. Solo ha sido una pesadilla, eso es todo.
    -No ha sido solo una pesadilla… -Digo de forma casi ilegible.
    -¿Qué quieres decir? –Que eres estupido, eso quiero decir.
    -Nada, olvídalo… -Él suspira confundido.
    Se levanta de la cama y camina hacia la puerta. Aunque nunca lo admitiría en voz alta, me gustaría que se quedase aquí conmigo.
    -¿A que esperas? –No se a que se refiere- Es obvio que tu no vas a poder volverte a dormir, al menos sin alguien a tu lado. Bueno, pues yo tengo sueño y no pienso dormir en otra cama que no sea la mía. Levanta tu pequeño trasero y ven.
    Al principio dudo, parece que habla en serio y no creo que fuera tan cruel de gastarme una broma pesada justo ahora. Salgo despacio de la cama aún dubitativa. Al empezar a caminar hacia Marius veo que el se fija en mis piernas. Me incomodo al pensar en que estará mirando todas las cicatrices, segundos más tarde me doy cuenta de que en el caso de que pudiera ver las cicatrices de las piernas significaría que no llevo pantalones. Correcto. Instintivamente bajo la camiseta lo que puedo con las manos que cubre hasta el comienzo de los muslos. Mis mejillas comienzan a arder y doy gracias Dios por que solo se la luz del pasillo la que está encendida. Marius me mira divertido.
    -Odio dormir con pantalones –Le digo un poco a la defensiva.
    -Bien, yo odio dormir con camiseta –Y con es sonrisita de autosuficiencia que tan furiosa me pone, va a su habitación.
    Le sigo. Mis manos siguen sujetando la camiseta gris que uso para dormir. Es muy vergonzoso pensar que me ha visto en bragas.
    Entro en la habitación de Marius despacio. Una lamparita ilumina un cuarto algo más grande que el mío; las paredes están recubiertas de periódicos con tonos grises, hay una cama como la mía con la funda del edredón azul oscuro y los cojines a juego, una estantería blanca llena de libros, bastardo mentiroso, luego dice que es mejor esperar a la película… Una mesa con un ordenador y un equipo de música, y unas grandes ventanas. También hay ropa por el suelo, lápices y bolas de papel por todas partes.  
    Vuelvo a mirar a la cama, Marius ya se ha acostado. Se echa a un lado para dejarme sitio y da unas palmaditas al colchón. Como respuesta me acuesto a su lado. Me quedo tiesa, como un palo. Él no está tan rígido pero también se le notan los nervios.
    -Oye… ¿Estás bien?
    -Hum… Sí, sí… Em… Sí, gracias por preocuparte.
    -Ha debido de ser un sueño horrible. –Sí chico listo. No le contesto, tampoco es que lo vea necesario.
    Marius se gira dándome la espalda, al moverse su rodilla toca mi tobillo. Solo con ese pequeño contacto me estremezco, me excito y la piel se me pone de gallina. El cerdo, pero no tan cerdo, ignorante, pero no tan ignorante, parece que se da cuenta por que se ríe por la nariz.
    Mis parpados acaban cediendo y se cierran arrastrándome en un profundo sueño.




    Abro los ojos. ¿Dónde demonios estoy? Ah, cierto. La casa de Antoni… Concretamente en la habitación de su hermano pequeño… ¿Y Marius? Miro el reloj de la mesita de noche, las ocho. Que raro, había imaginado a Marius como el tipo de chico que no se levanta de la cama hasta la hora de comer. Pues si el está ya en pie yo no voy a quedarme aquí vagueando.
    Antes de bajar al piso de abajo paso por mi habitación a coger unos pantalones. Odio llevar pantalones, y se esta genial sin ellos, pero tampoco es plan de ir en bragas por la casa.
    -¡Buenos días Melibea! –Marius sale de la cocina con dos platos llenos de comida.- Te he preparado el desayuno, bueno, nos he preparado el desayuno. Beicon, huevos revueltos, tortitas con sirope de chocolate… ¡Anda! Se me había olvidado, eres vegetariana. Entonces no puedes comer nada de esto. Bueno, le daré las sobras a Zeus ya verás que contento se pone.
    Guiña un ojo y sonríe maliciosamente.
    Todo tiene tan buena pinta. Nunca había visto tanta comida deliciosa junta. Si tan solo pudiera darle un mordisquito a las tortitas… Me rindo.
    -Eres una mala persona –Me siento en frente de el y voy poniendo un poco de todo en mi plato.
    -Venga Mel, si al fin y al cabo esto lo hago por ti.
    Desayunamos en silencio. El perro con ojillos suplicantes ladra, o maúlla, pidiendo comida.
    -¿Le puedo dar un trozo de beicon? –No quiero que por mi culpa tenga una indigestión, mejor preguntar. 
    -Mejor no –Contesta Marius llamando a Zeus por debajo de la mesa. Cuando el perro está a los pies de su dueño este le da un una tira de beicon entera. ¿No acababa de decirme que no hiciera exactamente lo que ha hecho el?
    -¿Por qué…?
    -Por que si tú le mimas más que yo, acabará queriéndote más a ti y olvidándose de mi. Y es mi perro joer, tengo preferencia ¿no?
    Hacía mucho tiempo desde la última vez que me reí de verdad. Puede que ahora empezara a reír más a menudo. Puede que en esta casa, con mi tutor legal Antoni, con este gran idiota y Zeus, un perro que parece un gato, consiga sentir lo que en tan pocas veces he sentido. Puede que alcance a sentir la felicidad.

miércoles, 23 de julio de 2014

CAPITULO 5


Marius

    Camiseta y pantalones fuera. Mucho mejor. Cojo el IPod y los auriculares pequeños. Me meto en la cama, con la música retumbándome en los oídos. Heroes de David Bowie. Cierro los ojos y desconecto del mundo. Amo esta canción.

I
I will be king
And you
You will be queen
Though nothing will
Drive them away
We can beat them
Just for one day
We can be Heroes
Just for one day

    Canto en bajito, o eso creo. Para mí que llevo los auriculares puestos mi voz es inaudible.  
    Cuando ya me entra el sueño paro la música y dejo el IPod y los auriculares en el mismo suelo. Me encanta escuchar música antes de dormir, pero lo odio si estoy durmiéndome. Mi cerebro se concentra demasiado en la letra y el ritmo, y no puede relajarse aunque yo si lo haga.
    Esto parece un horno. Salgo de la cama para abrir la ventana. Lo mismo da que este abierta o cerrada, el aire no corre esta noche.
    Me meto por segunda vez en la cama.
    Cojo mi móvil para ver la hora. Reviso mi Facebook, una petición de amistad de una tal María Muñoz. No la conozco, ignorar. Miro Twitter, cuatro interacciones. Tengo tres WhatsApps, uno de Antoni de hace casi tres horas; “Ya estoy en el avión, se bueno con Melibea”. Otro de David, mi mejor amigo, “Dónde te metes?” y el último de la pesada de África “Cariñoo, no me ignores. Es que estas tan ocupado como para no contestarme? Por favor mi amor, nuestra historia es demasiado bonita para que termine por una bobada. Se que me quieres y yo también lo hago. Venga Mariuuuuuus ven a casa para reconciliarnos ;) ME ESTAS EMPEZANDO A HARTAR! Por que no me coges el teléfono? Sabes que yo…” Paso de leer más. Hace tres semanas que le dije que ya no quería nada más con ella y la tía sigue acosándome... Voy a terminar por pedir una orden de alejamiento.
    No es hasta que he dejado el móvil que me doy cuenta de que se me ha olvidado mirar la hora. Soy idiota.
    Pasadas las dos de la madrugada.
    Un agudo grito me sobresalta.

   ¿Qué cojones…? 

lunes, 7 de julio de 2014

CAPITULO 4




 Marius

    Tócate los huevos. Después de joderme con lo de convivir con una mocosa, Antoni me viene con que me toca hacer de canguro una semana. Cuantas veces se lo tendré que decir. ¡Que no me gustan los niños!
    Salgo de la cocina con el teléfono de la mano. De tanto llamar ya se me de memoria el número de la pizzería.
    En poco más de veinte minutos tenemos una pizza cuatro quesos familiar y dos refrescos. Veintitrés pavos. Menos mal que Antoni me ha dejado algo de pasta por que yo suelo estar siempre sin blanca.
    Trabajo en un bar de copas no muy lejos de casa cuatro días a la semana. Mi hermano no me hace pagar alquiler, ni comida, ni ningún otro gasto y siempre que me falte dinero se que el me lo podrá dejar. Pero no soy de los que abusan de la gente en cuanto ven la oportunidad, así que cuando me dan un extra o he conseguido algo más de dinero se lo doy él. Antes Antoni no lo aceptaba, decía que soy su hermano, que ya le devolvería el favor si alguna vez necesita un donante de riñón. Ahora por fin se ha dado cuenta de que si no le diera ese dinero cuando puedo yo no me sentiría bien viviendo con él, estaría muy incomodo. La verdad es que es una gran persona.
    Voy a buscar a Melibea. Tampoco soy tan cabrón como para hacer que cene sola en su primera noche aquí.
    Paso por la cocina para comprobar si está allí antes de subir.
    -¿Mel? -Nadie.
    Zeus y yo subimos corriendo las escaleras de forma competitiva, el muy cabroncete siempre llega arriba antes que yo.
    Me paro en frente de su habitación dispuesto a entrar, hasta que oigo un pequeño sollozo. La puerta esta entornada y no alcanzo a ver a Mel. Puede que esto sea un pequeño abuso a su privacidad, puede que debiera dejarla en paz hasta que dejase de llorar… Una lastima que sea como soy y que necesite asegurarme de lo que este haciendo y consolarla en el caso de que realmente este llorando. No me gustan los niños, cierto, pero me gusta menos ver pasarlo mal a una persona. Empujo con mucho cuidado la puerta lo suficiente como para verla. Tenía razón. Está sentada al borde de la cama, con los codos sobre las rodillas y la cara enterrada en las manos. Su cuerpo se agita con cada uno de sus pequeños sollozos. Entristece mucho ver a esa niña tan bonita pasarlo tan mal. ¿Será por algo que he hecho? No creo, seguro que tiene algo que ver con la razón por la que se ha venido a vivir con Antoni y conmigo.
    Mi perro acomplejado se cuela por la rendija de la puerta y va ronroneando hasta la cama de Melibea. Se pone a dos patas apoyándose en su pierna izquierda rogando mimos. Como la otra vez en el baño a la pequeña le atraviesa la cara una preciosa sonrisa. Zeus se hace querer. Ella sorbe por la nariz y se seca las lágrimas de los ojos con el dorso de la mano.
    Decido dejar pasar todo lo que acabo de ver. Llamo a la puerta y entro como si nada.
    -Ya ha llegado la pizza, ¿bajas a cenar? Podemos ver una peli, pero elijo yo eh… No vaya a ser que me hagas ver algo de unicornios mágicos… -Pone los ojos en blanco.
    -Bueno, mientras no me hagas ver una peli porno. –Contesta pasando por delante de mí dejándome bastante flipado. Y pensar que hace menos de un minuto parecía la niña más indefensa en el mundo.
    No me molesto en poner ni un mantel ni vaso. Dejo la pizza sobre la mesa y podemos beber la Coca-Cola directamente desde la lata, que tampoco nos vamos a morir. 
    Las estanterías de al lado del televisor están repletas de películas y series, de entre todas elijo una que en mi opinión está bastante bien.
    Le enseño la carátula a Mel.
    -¿La has visto? Es una peli que me gusto mucho. Trata de la futura América que está dividida en…
    -¡Los Juegos del Hambre! No la he visto, ni siquiera sabía que habían hecho una película… Yo leí el libro hace un tiempo en una biblioteca. Me gusto muchísimo.
    -Es mejor esperar a la película –En realidad yo también he leído el libro, la trilogía entera y me gusta mucho leer pero es que picarla es muy divertido. De todos modos, ¿no es algo pequeña para entender realmente la historia?- . Los libros son muuuuuuy aburridos.
    -Pero, ¡¿qué dices?! Leer si que es uno de los mayores placeres de la vida y no la carne, como dices tú.
    -Es de frikis.
    -Es de gente culta.
    -Pues eso, frikis.
    -Las personas cultas no son…
    -Si que lo son, son frikis. Los típicos pardillos que son o muy gordos o muy delgados y con gafas que llevan jerséis de rombos… Frikis.
    -Me enervas. Eres muy frustrante, apuesto a que te lo dicen a menudo. -¿Enervas? ¿Frustrante? ¿Qué hace hablando así con trece años? Yo a su edad me seguía riendo cada vez que oía la palabra culo. A ver si va a acabar siendo verdad eso de que las mujeres maduran antes que los hombres. Sonrío.
    -Bueno, vamos a poner esto y a empezar a cenar. La pizza se estará quedando fría. 
    En lo que ella se come una de las porciones yo ya me he comido las demás a excepción de una. Hoy estaba con hambre.
    A mitad de la película, Mel, empieza a luchar para no quedarse dormida. Está hecha un ovillito en el sofá con la cabeza apoyada en el reposabrazos. Transmite ternura, se la ve tan frágil.  
    -¿Mel?
    -Que… -Contesta en un hilillo de voz.
    -Si tienes sueño puedes irte a dormir y ya la terminaras otro día.
    -No tengo sueño. –Dice tajante.
    -Te estas quedando dormida.
    -No tengo sueño. –Que testaruda que es.
    Clavo mi vista en la televisión pero sigo estando pendiente de ella. Sus ojos no tardan mucho en ceder y se acaban cerrando del todo.
    Sonrió mientras la miro sin apenas darme cuenta.
    Apago la tele y el reproductor DVD. No quiero despertarla, me levanto y con cuidado la cojo en brazos. Creo que Zeus pesa más que ella. Subo las escaleras de lado, despacio. Me fijo en su rostro dormido, pacifico, dulce. Sus labios carnosos, sus pestañas infinitas, no tiene ni una imperfección. Es como si estuviera hecha para representar la belleza física.
    Entramos en el cuarto. La poso en la cama con miedo de que se pueda romper. Se revuelve en cuento mis manos dejan de tocarla. Me quedo embobado de pie en medio de  la habitación. Cuando vuelvo en si dos ojos con heterocromía me miran.
    -Que no tenías sueño eh…
   Melibea sonríe maliciosa.
    -En realidad lo que tenía era pereza, no me apetecía subir hasta aquí. Sabía que si me hacia la dormida acabarías por subirme tú. -Cabrona. 
    -Muy inteligente por tu parte. Pero la próxima vez te dejo sola en el salón, pequeño demonio –Ríe.

    Me voy a mi habitación, sabiendo que ella ahora estará sonriendo.  

miércoles, 11 de junio de 2014

Una vuelta por la luna

    Hace apenas dos minutos, mi mejor amiga, Gabriel, y yo estábamos viendo una peli con el ordenador en la cama de mi habitación. Ahora las palomitas que comíamos están desparramadas por el suelo. Gabi está encima de mí, y nuestras bocas están unidas. Sin saber el porque correspondo al beso. Entreabro más los labios, mi lengua acaricia la suya bailando. Jugando.
    Sus manos acarician mi cuerpo intentando librarse de mi camiseta.  
    -Gabi… ¿Qué haces? –Digo recuperando el aliento.
    -Déjate llevar por una vez, Mel…
    Y eso hago.
    Nuestros labios vuelven a estar juntos. Su sabor es dulce y tiene un ritmo melodioso, muy diferente al de un hombre.
    Masajea uno de mis pechos por encima de la camiseta, pero dura poco. Soy yo la que quiere más y se deshace de mi propia camiseta, la suya no tarda mucho en desaparecer también. Nuestros sujetadores se pierden entre las sábanas seguidos de mi pantalón y su falda. Ruedo sobre ella colocándome a mí encima, tomando el control. Recorro su bronceado cuerpo con la lengua hasta llegar a su centro de Venus. Separo sus piernas y muerdo el interior de ambos muslos. Su piel se pone de gallina. Con un dedo engancho su tanga de encaje negro y voy llevándolo abajo para quitárselo. La inmovilizo agarrando con los brazos los muslos. Así, además, tengo mejor accesibilidad a su sexo.  Abro sus labios y meto la lengua. Intento hacerlo como me gusta que me lo hagan a mí; meto dos dedos dentro de ella, mi boca succiona su clítoris haciéndole gemir. Agarra las sábanas y tira de ellas, encorva la espalda levantando la pelvis hacia mí. Con mi boca y mi mano derecha la sigo tocando mientras que con la izquierda yo me doy placer a mi misma.  
    Observo como pierde el control. Su cuerpo se estremece y su respiración se hace más forzada. Mis dedos siguen bailando entre sus piernas.
    Me gusta arrancarle gritos y alguna que otra palabra sucia.
    Nunca había pensado que haría el amor con una mujer, y menos que esa mujer fuera Gabi.
    -¡Ah! ¡Mel! –Llega al clímax.
    Sigue respirando de forma irregular, recuperando el aliento después del orgasmo. Acerco mi rostro al suyo poniendo los codos a ambos lados de su cabeza. Mis pezones tocan los suyos y me recorre un escalofrío. Sus ojazos verdes me miran sonriendo, acerca esa boquita que, hasta ahora, no me había percatado de que fuera tan sexy a mi oído.
    -Déjame que sea yo la que te lleve ahora a dar una vuelta por la luna. –Dice ella y yo suspiro excitada.
    Cambiamos de posición.
    Está encima de mi, su monte de Venus esta pegado al mío. Mueve su cadera de adelante a atrás a un ritmo constante. De pronto siento un dedo entrar en mi, seguido de otro más. Mi corazón se acelera. Pienso en su posición y me pregunto si estará cómoda. Probablemente no, pero no estoy segura por que en su expresión solo veo placer. Nos miramos a los ojos sin decir nada. Solo se escuchan nuestros gemidos. Llega un momento en el que no puedo más. Un hormigueo, procedente de mi sexo, se extiende por todo mi cuerpo. Oleadas de calor me ahogan, haciendo que gima más fuerte y blasfeme.
    -Joder… ¡Ah, joder Gabriel!  
    Ella también grita aunque esta vez no ha llegado a la luna conmigo.
    Saca sus dedos de mí y los mete en su boca. Vuelvo a mojarme.
    -Me gusta, me gusta mucho.

    Y dejándome totalmente aturdida y fuera de lugar sale de la habitación para meterse en el cuarto de baño.  

domingo, 4 de mayo de 2014

Canción de la semana: Klingande - Jubel

CAPITULO 3



Melibea

    Lo adoro. Me encanta. Es adorable. Zeus es el mejor perro del mundo. Se me hace imposible no quererlo. Hace un rato, Marius, me ha contado que tan solo tiene siete meses. Aún no se le han caído todos los dientes. Saber que es tan pequeño le hace diez mil veces más achuchable.
    Es muy gracioso también. Ronronea como un gatito.
    De repente para. Se queda muy quieto y pone las orejas en punta, mirando a ninguna parte. Eso es que ha escuchado algo. Gira la cabeza hacia la puerta, esta vez yo también he oído el ruido. Pasos que se acercan. No tengo tiempo ni de pestañear cuando Zeus salta de mi regazo. Gruñe a la puerta de madera mientras raspa por debajo como si quisiera cavar un túnel. Antes de que me deje sin puerta la abro lo justo para que pueda salir. Sale disparado. Por la rendija de la puerta alcanzo a ver a Marius, nuestras habitaciones están una en frente de la otra, me mira. Ya no tiene la misma mirada calida que me pedía perdón sino que ahora es fría y despreciativa. Entra en su cuarto con Zeus y cierra la puerta. Por un instante me quedo petrificada. ¿Qué acaba de pasar?
    Ha sido muy extraño.
    Pienso en bajar abajo a ver un rato la tele. Aquí encerrada me aburro, y además no me apetece pensar en todas las cosas que tengo en la cabeza. Sí, la televisión sirve de más cosas a parte de para matar neuronas. Yo prefiero los libros, pero ahora no tengo nada que pueda leer.
    Antoni habla por el móvil en la cocina. Parece serio, tiene el entrecejo fruncido y la mano que no lleva el teléfono apoyada en la cadera.
    Enciendo la tele y pongo un canal al azar. Antoni me ve. No quiero molestarle así que bajo el volumen hasta que es casi inaudible. Cuelga soltando aire frustrado. Me mira y se sienta en el sillón que esta al lado de dónde estoy yo, en el sofá.
    -¿Qué ves? –Me pregunta.
    -No tengo ni idea –Respondo con sinceridad. Él sonríe.
    -Melibea… -Apaga el televisor- Me voy ha tener que ir.
    -¿Qué? –No. No se puede ir. Por favor, no.
    -Tranquila, es solo una semana. Me han llamado del trabajo. Necesitan que vaya a la India por unos asuntos que…
    -¡¿A la India?! ¡¿Quién narices se va a la India por unos “asuntos”?! ¿No podrían mandar a otro en su lugar? –Esto último lo pienso pero no lo digo, claro. No quiero que se vaya, ni una semana ni un día. 
    -Sí. Es un poco largo de explicar pero el caso es que me voy… Esta noche. Lo siento mucho Melibea, sé que no debería dejarte aquí sola con Marius la primera noche en casa, soy una mala persona pero…
    -No, tranquilo. Está bien –Le sonrío a pesar de que estoy triste. Muy triste.
    -Gracias Melibea -¿Por qué dice siempre mi nombre?- bueno, voy a hacer la maleta. ¡Ah! Y a decírselo a Marius.
    Me quedo sola en la sala de estar pensando en como serán siete días viviendo sola con Marius. De momento no ha resultado ser “malo”, solo algo raro y yo diría que algo bipolar también.   
    -¡Estas flipando tío! ¡No pienso quedarme solo con esa cría! –Oigo gritar a Marius.
    Que diga eso me enfada, no soy una cría, pero también me entristece.
    Los gritos siguen. Esto me trae recuerdos no demasiado buenos…
    -¡Que no Antoni joder! ¡Que no puedes hacerme esto! ¡Llévatela!
   -¡¿Pero como me la voy a llevar?! ¡¿Tú eres tonto?! Con lo mal que lo ha pasado podrías. -Se calla en seco. No debería haber dicho eso, Marius empezará a hacer preguntas y la promesa que me hizo de que no contaría nada de lo que me pasó corre el riesgo de ser descubierta.
    Ya no hay gritos, aún así sé que siguen hablando. Deben de haber cerrado la puerta de la habitación de Marius.
    Vuelvo a encender la tele por hacer algo. Ahí arriba estarán hablando de que soy un estorbo, de que no hago nada más que molestar. Pero no es mi culpa… ¿Qué se supone que he hecho yo para tener una vida tan llena de desgracias?
    Antes de que el monstruo que se hacía llamar mi padre, matara a mi madre, las cosas tampoco es que fueran muy bien. Sigo teniendo marcas de cuando él se enfadaba y lo pagaba conmigo o con mi madre. Los cortes con su navaja, las quemaduras de los cigarros, las costillas ligeramente fracturadas por sus patadas en el costado con esas botas marrones de montaña. Se me ponen los pelos de punta.
    Recuerdo su voz y su aliento siempre oliendo a alcohol. Sus dientes amarillos. Esos ojos oscuros derrochando ira.
    Quiero matarlo con mis propias manos. Quiero que sufra. Quiero que su vida sea una profunda agonía, de la que nadie pueda salvarlo nunca.
    Pasitos se acercan y de un gran salto Zeus se sube al sillón.
    Mi mente viaja a las posibles escenas que podrían estar teniendo lugar en aquella habitación.
    -¡Pues si no te gusta ya puedes ir largándote de esta casa! –Grita Antoni bajando las escaleras enfurecido.- Disculpa Melibea, Marius a veces se comporta como un autentico idiota.
    -Si, ya, se ve que no le cuesta mucho demostrarlo.
    El mayor de los hermanos se ríe.
    -Bueno, ¿estas segura de que no te importa quedarte con ese imbécil unos días?
    -No, de verdad. Claro que me importa. Es un imbécil, tú mismo lo has dicho.
    -Perfecto, muchas gracias Melibea. –Y se va. Dispuesto a hacer la maleta para pasar una semana en la India por “asuntos de trabajo”. ¿En que trabaja? Todavía no se lo he preguntado, pero sea lo que sea debe de ganar una pasta.
    Me aburro. No se que puedo hacer aquí. No quiero pensar en nada, aunque sea imposible.
    Tengo miedo de que llegue la hora de dormir, de que las pesadillas vuelvan, de que Antoni ya no este para calmarme.
    Han pasado… ¿Cuánto? ¿Tres semanas? ¿Un mes? Todo es muy confuso, no tengo nada claro. Exceptuando, claro esta, que mi madre murió asesinada por algo que no puede ser humano y mucho menos mi padre. Cada noche tengo sueños horribles de los que no puedo liberarme sin alguien que me despierte. Antoni era quien venía corriendo a consolarme, diciéndome que respirara hondo y me tranquilizara. Se quedaba conmigo sentado al borde de la cama esperando a que volviera a dormirme. A veces seguía ahí cuando despertaba a la mañana siguiente, con bolsas bajo los ojos sonreía diciendo: “Buenos días Melibea”.
    Es tan dulce. Voy a echarle mucho de menos estos días.
    Las noches en mi antigua casa eran diferentes. Mi madre y yo intentábamos dormir lo antes posible y rezar para que él no volviera muy ebrio. Cuanto más bebía, más agresivo era.
    Por las mañanas iba al colegio de ocho a dos. No hablaba con nadie y después del colegio tenía que ir a casa lo antes posible por si él me estaba esperando. Aquellos días en los que llegaba demasiado tarde eran los peores. No dejaba que comiera. Usaba su cinturón como si fuera un látigo…  Mamá le pedía que parase, agarraba su brazo y me rodeaba con su cuerpo evitando que llegaran los golpes. Aún así duele ver a la única persona a la que amas sacrificándose por ti, ver como le hacen daño. Más tuvo que dolerle a ella. ¿Por qué no nos fuimos? Huir. Escapar de él. ¿Cómo no pudo mi madre tomar esa decisión?
    Dos horas más tarde estoy despidiéndome de Antoni.
    -Que no te pise un elefante.
    Sonríe.
    -También tendré cuidado para que no me atropelle una vaca.
    Ambos reímos sin muchas ganas.
    -Volveré pronto ¿eh?
    Asiento. Antes de que salga por la puerta doy un paso, y otro. Miro sus ojos negros y los míos se empañan. Nos abrazamos; muy fuerte, como si fuese a estar fuera más de un año. Se sentirá así para mí.
    -Marius tiene dinero, cualquier cosa que necesites pídesela a él. Y puedes llamarme cuando quieras. No me importa lo costosa que sea la llamada.
    Esnifo por la nariz. Ya estoy llorando otra vez.
   -Adiós Antoni…
   -Venga, habré vuelto antes de que te de tiempo a echarme de menos.
   Ya te echo de menos. Y se va.
   

    Vagabundeo un poco por la casa. Entro en la cocina para beber un poco de agua y allí me encuentro a Marius. ¡Que sorpresa! No lleva camiseta.
    -Esto… Marius, ¿y los vasos? –Creo que es mejor que le pregunte antes de empezar a abrir todos los cajones de la cocina como una retrasada.
    Ignora mi pregunta.
    -¿Marius?
    Me mira como si le estuviese tomando el pelo. 
    -¿Me vas a decir donde están los vasos o vas a seguir mirándome con esa cara de mongólico que tienes?
    Se levanta riendo.
    Abre uno de los cajones superiores y coge un vaso.
    -Hay hielos en el congelador, el agua suele salir caliente en verano.
    Al intentar coger el vaso de sus manos, él lo sube demasiado alto para que yo lo alcance.
    -¿Qué se dice?
    ¿Bromea?
    -No querrás ser una niña mal educada, Mel. ¿Qué tienes que decir?
    Mi garganta empieza a quejarse y carraspeo. Necesito agua.
    -¿Qué tienes que decir?
    -Olvídalo, beberé del grifo del baño.
    -Espera –Marius agarra mi muñeca-. Tampoco hace falta dejarme como el malo de la película. Ten.
    Al principio vacilo, pero parece que habla en serio y decido coger el vaso.
    -Gracias.
    -¿Ves? Tampoco era tan difícil eh… -Idiota- Cambiando de tema, voy a pedir pizza para cenar. ¿La pido de bacón y queso o sigues pensando en hacerte vegetariana? 
    -Ya lo he decidido. Se acabó la carne para siempre.
    Suspira y agarra el teléfono.

    -Entonces espero que te guste la pizza cuatro quesos. 

viernes, 25 de abril de 2014

BookTag #2 El BookTag Definitivo

1. ¿Te mareas leyendo en el coche? 
No, la verdad es que rara vez me mareo. 

2. ¿Qué autor tiene un estilo único y especial para ti? 
John Green, es capaz de jugar con mis sentimientos con cada palabra. 

3. ¿Harry Potter o Crepúsculo? 
La verdad, actualmente estoy leyéndome Harry Potter pero todavía no he terminado la saga. Crepúsculo también la tengo pensada leer. Pero basándome en las películas refiero Harry Potter. 

4. ¿Sueles llevar mochila? ¿Y que llevas en ella aparte de libros? 
Ya no llevo mochila ni para el colegio. Uso bolso. 

5. ¿Libros con o sin ilustraciones? 
Depende del libro. Por ejemplo, El Principito o Peter Pan los prefiero con los dibujitos. Pero en cambio Cazadores de Sombras no me gustaría con ellos. 

6. Un libro que te encantó pero cuando creciste un poco te diste de que no valía nada. 
No me ha pasado eso nunca con un libro. 

7. ¿Tienes alguna historia divertida sobre algún libro de tu infancia? 
No se, no se me ocurre nada ahora mismo... 

8. Libro más finito de tu estantería.
El Cuento de las Montañas Azules, tiene 156 páginas. 

9. Libro más gordo de tú estantería. 
La Cúpula, de Stephen King. 1132 páginas. 

10. ¿Escribes? Y si es así, ¿te ves como escritor en un futuro? 
Lógicamente, sí. Escribo. Si que me veo como escritora, pero lo siento un poco como un sueño. Es muy difícil publicar un libro y aunque me encantaría hacerlo, no se si podré. 

11. ¿Clásico preferido? 
No he leído ningún clásico aún. 

12. ¿En el colegio se te daban bien las clases de lengua, arte o literatura? 
Solo arte. Mi media no baja del 9. 

13.Si alguien te regala un libro que ya has leído y odiaste completamente ¿que harías? 
Yo creo que no diría nada y me aguantaría. 

14. ¿Que saga conoces que sea similar a Harry Potter o a los Juegos del Hambre pero que no sea tan conocida?
La de Divergente, que si que es muy conocida, pero me recordó un poco a los Juegos del Hambre por lo de la ciudad distopica y eso... 

15. ¿Cuál es tu palabra favorita? 
Cataquiusta. Sé que no existe, pero se la invento una muy amiga mía y adoro es palabra. 

16. ¿Algún mal abito a la hora de escribir una entrada? 
Abro todas mis redes sociales y claro, me distraigo y acaba 20 días después. 

17. ¿Vampiros o hadas? 
Hadas, me parecen preciosas e inteligentes. 

18. ¿Fantasmas u Hombres-Lobo? 
Hombres-Lobo, los fantasmas no me caen del todo bien... 

19. ¿Zombies o vampiros? 
Imposible elegir. 

20. ¿Triangulo amoroso o amor prohibido? 
El amor prohibido me frustra y es muy triste, pero en los triangulos amorosos siempre me acaba dando lastima el que se queda solo... Aún así me quedo con el triangulo. 

21. ¿Libros románticos o de acción con algún trasfondo romántico? 
Me gustan los dos pero me quedo con los de acción. Suelen ser más interesantes. 


miércoles, 23 de abril de 2014

Las ventajas de tener un gimnasio personal 2

MELIBEA
Ponemos en marcha la sauna y entramos los dos ya desnudos y sudorosos. Me agarra por la cintura sentándome en su regazo. Le hago cosquillas con las uñas en el cuello. La parte de su cuerpo a la que más aprecio tengo últimamente se levanta de nuevo, la recibo de buen agrado. Mi cuerpo se ha encendido. Me pongo de cuclillas ante su imponente erección. La agarro con una mano y comienzo a lamerla. Me la llevo hasta el fondo de la garganta, siento arcadas pero las ignoro y sigo chupando. Marius aparta e pelo de mi cara. Ahora es él quien marca el compás de las entradas y salidas de su pene en mi boca. Está duro, palpitante y es muy, muy grande. Pequeñas gotas de sudor recorren su frente cuando le miro. Jadea.
Puedo escuchar los latidos de nuestros corazones acelerados.
Agarra mi pelo con más fuerza, creo que se va a correr. Adelante. Quiero que lo haga, quiero tragar su semilla.
Ahí está.
Es extraño pero no es agrio, como suele ser el del resto de los hombres, sino que es... Algo más dulce.
Vuelvo a sentarme sobre el y dejo que me toque y me acaricie. Su mano viaja a mi monte de venus. Toda mi energía se concentra en esa pequeña parte de mi cuerpo. Los dedos del italiano entran en mí. Gimo diciendo su nombre sin apenas poder evitarlo. 
-Oh Marius... Sigue... 
Oleadas de placer arrastran mi cuerpo al límite. No puedo más y me dejo llevar. Cierro los ojos.
Cuando los abro, Marius está sonriendo. Me pongo a horcajadas encima de el. Dejo un rastro de sensuales besos por su cuello.
Agarro su miembro y en un par de movimientos lo vuelvo a poner en marcha. Lo coloco dentro de mí, bajando poco a poco hasta que está totalmente metida. Sentirla tan plenamente dentro es maravilloso. Muevo mi cadera de adelante a atrás. “No te empeñes en sacarla y meterla, sino en moverla”.
Gemimos, sudamos, nos abrazamos, nos tocamos.
Mis pezones ya no pueden estar más endurecidos.
Da una estocada, y otra, y otra más. Entierra la cara en mi cuello y aspira. Se que está aguantando para que yo llegué al clímax. Nos movemos más rápido. Así, si.
-¡Ah Marius!
En apenas cinco segundos él se corre conmigo, me deja chorreando. Nuestra respiración es acelerada.
-¿Sabes cuan perfecta eres, Mel?
Le sonrío y poso un beso lleno de afecto en sus labios. Esto me encanta.
Sexo esporádico. Esa es una de las ventajas de tener un gimnasio personal.


domingo, 30 de marzo de 2014

Las ventajas de tener un gimnasio personal 1

MARIUS
Mel lleva más de cuarenta minutos corriendo en la elíptica. Sus brazos y su escote resplandecen por el sudor. Sus perfectos pechos le acompañan dando pequeños botes que hacen que pierda la concentración de mis ejercicios. Se da cuenta de que la estoy mirando, el espejo que cubre toda la pared me delata. Para, se acerca a mi contoneando las caderas y moviendo ese culo que tanto me tienta. Bueno, toda ella es una tentación. Estoy justo delante del banco de pesas. Se detiene apenas a quince centímetros de mi cara, arquea las cejas y me da un empujoncito para que me aparte. Que mala que es mi niña. Coge las dos pesas de cuatro kilos; las levanta repetidamente dirigiéndolas a su pecho y volviéndolas a bajar.
Yo decido ejercitar los dorsales. La polea alta está detrás de Melibea. Tengo muy buenas vistas.
Sé que ella me mira de reojo. Me desea tanto como yo a ella.
Contraigo los músculos, soltando el aire cuando los relajo. Respirando, contrayendo, relajando. Al fin consigo concentrarme justo cuando la chica de diecisiete años con heterocromia me llama.
-¿Me ayudas a estirar?
-Claro.
Dejo lo que estoy haciendo para ayudarla. Cuando su espalda toca la esterilla azul me arrodillo junto a ella esperando instrucciones. Estira tanto la pierna que pienso que se va a romper.
-Ponte ahí y empujame la pierna todo lo que puedas hasta ponerla al lado de la cabeza ¿de acuerdo?
-Vale.
Hago lo que me pide. Es obvio que lo hace solo para tentarme , ella solita llega perfectamente. Por lo general estira y practica sola o con el subnormal de su "amigo" Alex que va con ella a la academia de gimnasia. Maricón... Siempre que vienen al gimnasio o se van a su habitación se me hierve la sangre.
Le agarro por el muslo y por el tobillo para evitar que doble la rodilla. No tiene dificultad alguna, lleva ya unos cuatro años haciendo gimnasia artística y acrobática. Ha ganado infinidad de campeonatos. Lo que no me gusta es la parte en la que hace esos mortales... Sigo pensando que algún día acabará rompiéndose el cuello... Me dolería más a mí que a ella.
Verla tan abierta me excita y rezo para que ella no note lo que me empieza a crecer en la entrepierna. Está sonriendo. Mierda. ¡Pues claro que lo ha notado joder! Si es que estamos pegados...
Siento su respiración en mi mejilla. Mis ganas de besarla aumentan por segundos, pero antes de que yo haga nada ella me atrae hacia su boca y me besa con posesión.
Su lengua invade mi boca y sus manos alborotan mi pelo. Se deshace de mi camiseta, yo hago lo mismo con su sujetador deportivo. La levanto, la empotro contra la puerta de nuestro gimnasio, le quito los shorts y la penetro mirándole a los ojos. Enrosca las piernas alrededor de mi cintura en busca de más profundidad.
Sexo duro, como nos gusta.
Muerdo su hombro mientras ella gime pidiéndome que siga, que no pare. Un hilillo de sangre recorre mi espalda. Mel y sus largas uñas tan decoradas.
Siento que me voy a correr. No se si ella sigue tomando la píldora así que mejor avisarle.
-Pequeña... No puedo más... ¿Quieres que...?
-Ni se te ocurra sacarla o te la corto en pedacitos.
Más claro, agua.
Alcanzamos el climax juntos. La beso una ultima vez en los labios y nos vamos a nuestra pequeña sauna para seguir allí con nuestros ejercicios.

jueves, 20 de marzo de 2014

Book Tag #1 Rueda Literaria

1. ¿Cual es el último libro que has leído?
Bajo La Misma Estrella, de John Green. No era la primera vez que lo leía ni será la última. Amo este libro. 


2. El libro que cambió tu forma de pensar: 
Yo creo que La Lección De August, de R.J Palacio. Hace que te des cuenta de la influencia de tus actos, a veces involuntarios, sobre otras personas. 


3. El último libro que te hizo reír: 
Bajo La Misma Estrella. Pero como no quiero repetir los libros, voy a poner uno que me hizo reír mucho más; Besos De Murciélago. Puede que no sea el que más me hizo reír pero siempre me saco sonrisas :)


4. Un libro prestado que no has devuelto: 
Pues la verdad es que tengo 15 libros de mi hermana mayor, que ni pienso devolverla (Lo siento Nere, le he cogido mucho cariño a esos libros) El último que me dejo fue Juntos, de Ally Condie. 


5. Un libro que has prestado y no te han devuelto: 
Cazadores de Sombras, Ciudad de Cristal. Se lo dejé a una amiga y aún no nos hemos visto desde entonces, así que no me lo ha podido devolver. Pero espero que lo haga jaja 


6. Un libro que volverías a leer: 
Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collins. Le releería 1000 veces más, al igual que En Llamas y Sinsajo.


7. Un libro para regalar a ciegas: 
Los Origenes de Cazadores de Sombras. Si fuera millonaria los repartiría por el mundo. (No he podido encontrar la foto de los libros en español) Ángel Mecánico, Príncipe Mecánico y Princesa Mécanica, de Cassandra Clare. 


8. Un libro que te sorprendió para bien: 
Buenos Días Princesa, de Blue Jeans. No se la razón, pero antes de empezarlo no pensé que me fuera a gustar mucho... Pero luego estuvo muy bien y estoy deseando poder leer No Sonrías Que Me Enamoro y ¿Puedo Soñar Contigo? 


9. Uno de los primeros libros que leíste en la escuela: 
Creo que Un Fantasma de Palacio, lo leí cuando tenía unos 6 años :') 


10. Un libro que robaste: 
Nunca he robado ningún libro. 

11. Un libro que encontraste perdido: 
El Cuento de las Montañas Azules, estaba perdido en un armario de mi casa y ahora está en mi librería 

12. Autor del que más libros tienes: 
Cassandra Clare, la escritora de Cazadores de Sombras. 


13. Un libro muy valioso para ti: 
Incarceron, porque me lo regaló mi mejor amigo :) 


14. El libro que lees ahora mismo: 
El Corredor del Laberinto. 


15. Un libro que llevas tiempo queriendo leer: 
Memorias de Idhún, de Laura Gallego.


16. Un libro que prohibirías: 
Allegiant, la tercera parte de Divergent. Duele tanto que debería estar prohibido. 


17. El próximo libro que vas a leer: 
Pídeme lo que quieras o dejame, de Megan Maxwell.


18. El libro que no leerías jamás: 
Si pudiera me leería todos los libros que se han escrito y que se escribirán.

19. Tu saga favorita: 
Cazadores de Sombras. 


20. Libro que más te ha hecho llorar: 

Todos los libros me hacen llorar, es raro jaja yo creo que tanto leer me ha afectado al cerebro o algo.