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miércoles, 26 de febrero de 2014

Cuando no es correspondido

    Todos hemos tenido amores no correspondidos. Algunos más que otros, como yo. Soy una chica bastante enamoradiza y el gran efecto secundario es que se sufre más.
    Nunca he sentido he sentido el verdadero amor, por que si no es correspondido ¿se le puede llamar
amor? ¿Deberían sentir dos personas ese mismo sentimiento para que fuese real? No puedo contestar a esas preguntas por que solo conozco el amor cuando no es correspondido.
    El peor momento es cuando te das cuenta de que esa persona y tu jamás estaréis juntos. En ese momento te sientes como una autentica mierda. Empiezas a pensar y tu subconsciente hace que creas que estas sola, aunque no sea verdad. Te quieres morir. Piensas que estarás mejor no sintiendo nada que estando así. Lloras hasta quedar dormida...
    Aún soy joven, sé que me queda mucha vida por delante. Muchas cosas por hacer y muchas cosas por ver.
   Me dicen que sonría, que por que lloro. Es malo guardarse todo dentro. Llegas a un punto en el que no puedes más, necesitas dejar de sonreír, quitarte esa mascara y enseñar como estás en realidad. ¿No puedo permitirme un día de depresión extrema? Ahora mismo no estoy bien y lo sé. Todos nos hemos sentido así. Viendo parejas a nuestro alrededor, comiéndonos la cabeza intentando entender el por que tú no tienes a una persona que te haga feliz y ellos sí... Llegas a creer que es culpa tuya. Tanta gente feliz... No pueden estar fingiendo todos; o talvez sí. Talvez el mundo entero lleve una mascara. Puede que Dios quiera engañarnos haciéndonos creer que los otros son felices mientras tú no.
    Estamos en un mundo lleno de infelices.
    Cada uno con sus razones, pero pienso que nunca llegamos a ser felices realmente.
    Buscamos a esa persona para que nos haga felices, para que nos de amor. Y cuando creemos que la hemos encontrado... No. Por eso duele tanto cuando no es correspondido. Superarlo y volver a encontrar a otro que tampoco lo sea. Pero ahora, estoy en la fase de aceptación. Así que dejadme en paz. Necesito estar sola para superar cuan sola me siento ahora.

PRÓLOGO

     Catorce años soportando a su padre para que después de todo, acabara así.
    Cuando llegó la policía la encontraron metida en un armario, llorando. No podía respirar. Estaba teniendo un ataque de ansiedad.
    La sacaron y lo primero que vio, incluso antes de ver a todas aquellas personas extrañas para ella, fue a su madre. Muerta. La estaban tapando con una sabana blanca y subiendo a una camilla. Entonces Melibea se desmayó.
   

    Despertó en lo que pensó que sería un hospital. Le dolía la cabeza, tenía moratones por ambos brazos y una venda en tobillo izquierdo. Cuando intentó sentarse también descubrió que le dolía entre las piernas. Se paró a pensar un poco. Recordó todo; a su padre gritando zarandeando a su madre, golpeándola. A su madre blanca con los ojos perdidos, mirando hacía ninguna parte. De nuevo recordó a su padre yendo hacia ella. Agarrándola del pelo la arrastró enfrente de su madre. Ella gritaba, pero a él le daba igual. La tomó como a los perros, y la pequeña seguía llorando y gritando. Notaba a su padre dentro de ella. Se daba asco. Le daba asco su padre. Le daba asco la vida. Empezaron a oírse sirenas. Algún vecino habría llamado a la policía. Entonces su padre, mejor dicho, ese monstruo la soltó. Melibea se arrastró hasta el armario.
    Bajó la vista para mirarse las manos. En la sabana azul del hospital vio que había algunas gotas. Se tocó las mejillas. Había empezado a llorar sin apenas darse cuenta.
    Entró una enfermera rubia. Bajita, con no más de cuarenta años. Estaba sonriendo, pero hasta ella podía notar que la miraba con pesar.
    -Bueno Melibea… ¿Cómo te encuentras?
    Menuda pregunta… Pues mal, ¿cómo voy a estar? Intentó decir esas mismas palabras, pero ningún sonido salía de su boca.
    -Verás… -Continuó la enfermera- Aquí hay unos señores que quieren hablar contigo un minuto, ¿está bien?
    Pues no. Claro que no está bien. Mi madre acaba de morir. Realmente la enfermera parecía idiota.
    Entraron tres hombres. Dos de ellos iban vestidos con trajes, en cambio el más joven, llevaba unos vaqueros y una camisa remangada hasta los codos de color azul. Le resultaba vagamente familiar.
    -¿Cómo esta señorita? -Otro idiota…- Sé que esto es muy duro de oír, sobre todo para una niña de trece años pero… Su madre ha muerto.
    -Preferiría que me dijera algo que no supiera ya. Y no es que sea exactamente duro, pero duele. Duele mucho.
    Los tres hombres parecían sorprendidos. Incluso ella misma estaba sorprendida. Le empezaron a arder los ojos y pestañeo para alejar las lagrimas. No le gustaba llorar delante de la gente. La hacía parecer débil y no le gustaba.
    Uno de los hombres trajeados volvió a hablar.
    -Su padre…
    -No es mi padre.
    -Bueno… José Herranz ha sido detenido por asesinato y por… abuso a una menor.
    Sin poder evitarlo, Melibea apartó la mirada. Nada podría hacer que dejara de sentirse sucia.
    -Y ya que el único pariente cercano suyo está alojado en una residencia para ancianos, usted señorita Herranz, tendrá que quedarse con su tutor legal hasta que cumpla la mayoría de edad o pueda emanciparse.
    -Señorita Dalaras. No llevaré el apellido de ese monstruo.
    Los hombres trajeados se miraron entre si. El más joven se acercó más a la camilla, le cogió de la mano y habló:
    -Hola Melibea, siento muchísimo todo esto de veras… Me llamo Antoni Beanato, era un buen amigo de tu madre, y soy tu tutor legal.

domingo, 23 de febrero de 2014

Ese 1%

Me he parado a pensar en la muerte y en lo corta que es la vida. En el olvido y en lo infinito.
Nacemos para morir. Decid lo que queráis pero es verdad. Todos piensan que no, que están aquí para hacer algo importante, pues no. Seamos realistas, el 99% de la población acabaremos en el olvido. El otro 1% dejara huella, como lo hicieron Shakspeare, Leonardo da Vincci o Michael Jackson.
No te hagas falsas esperanzas, tú no serás uno de ellos. 
Sigo soñando con que siempre habrá alguien que me recuerde cuando mi vida acabe. Y que cuando esa persona muera, haya otro alguien que siga recordándome y así sucesivamente hasta que este mundo termine o hasta que acabemos con él.
Si piensas que tengo razón, ya puedes salir inmediatamente de mi blog. Si no te has tragado ni una palabra de lo que he -dicho, enhorabuena. Sigue leyendo. 
Sé que es difícil dejar huella y que sólo unos pocos privilegiados lo consiguen. Estoy segura de que J.K Rowling nunca imaginó que acabaría siendo la infancia de tantas personas. Si ella lo consiguió, ¿quien dice que yo no pueda? ¿Quien dice que tu no formarás parte de ese 1%? Nada es imposible, mi consejo es que sigas luchando por tus sueños. Que no te importe lo que digan los demás. Sigue luchando por no acabar en el olvido, por ganarte una plaza en ese 1%. Así que, QUE NO TE ROMPAN LOS SUEÑOS. 

Siempre.

Su fantasma me persigue. Ese niño que podría haber sido. Yo no estaba preparada. Él no tuvo la culpa, fué injusto que las consecuencias de mis actos cayeran sobre él.
Pero tenía quince años.
Cuando se lo conté a mis padres, fué mi madre la que inmediatamente llamó al hospital para que abortara. No le estoy echando la culpa, aunque ella tuvo mucha influencia, fuí yo la que acabó tomando la decisión. 
El padre nunca supo de mi embarazo, es mejor así. Ni siquiera estábamos enamorados. Sólo fue deseo. En veinte minutos mi vida cambió, sin poder dar marcha atrás... Una vida empezó a crecer en mi interior. Una pequeña criatura, con su corazoncito, sus manitas, esos bracitos... Pasaron dos meses hasta que me hice la prueba. Me quede en estado de shock. Volví a hacerme la pruebe aproximadamente veinte veces. Todas ellas dieron positivo.
El cuatro de junio de 1996 fuí al hospital y, yo, acabé con su vida.
Lloré todas las noches hasta alcanzar la madurez. Aún sigo llorando. No hay día en el que no piense en él.
Ahora tengo treinta y tres años y dos niños preciosos.
No cambiaría nada de mi vida, pero siempre me preguntaré lo que pudo haber sido. Si tendría mis ojos, su nariz, si llegaría a se un rebelde o si sería estudioso... Nunca lo sabré. 
Enterré su cuerpecito en mi jardín y ahí planté un pequeño abeto. Veo como crece, como él podría haberlo hecho. Me gusta creer que es su alma la que le dá fuerzas al abeto en los días fríos del invierno, en los calurosos día del verano, pero sobretodo me gusta creer que me ha perdonado. 
Lo siento, hijo. Te quiero.
Siempre. 

sábado, 22 de febrero de 2014

Entra o sal.

Me llaman guarra, puta, mala influencia... ¿Pecadora?
Las que creía que eran mis amigas resultaron ser actrices de esta película de terror que es mi vida. 
Dicen que lo hacen para ayudarme. Yo creo que si quieres ayudar a una persona tiene que haber un buen motivo, y que no la insultas, no la críticas a sus espaldas, no la dices que no es normal, que esta mal de la cabeza y que se equivoca en todo por no creer en lo mismo que tu.
En estas situaciones se descubre a los verdaderos amigos.
Los que te defienden y te apoyan siempre. Los que piensan que estas un poco loca y que eres especial. Los que saben cuando no estas bien y te consuelan. Los que siempre sabrás que están ahí.
Os quiero mucho, gracias.
A los que no hacen nada de eso, lo siento. Siento ser así...bueno, en realidad no lo siento en absoluto. Esta soy yo, y si no te gusta pues bueno...  No voy a cambiar por que no les gusté como soy a dos, tres o incluso a ocho personas. 
Cambiare sin querer, si. Pero es parte de la vida. Nacemos y cambiamos. Crecemos y cambiamos. Envejecemos y cambiamos... 
Yo sabía que dejaría de jugar con mis muñecas. Que cambiaría mis patucos  por tacones.  Que dejaría el Kas de naranja y me tomaría una copa o dos de vez en cuando. Que dejaría de estar enamorada de Peter Pan y me enamoraría del Capitán Garfio...
Sigo sabiendo que cambiaré en un futuro, lejano o cercano. No lo sé, pero cambiaré. 
Así es como funciona el mundo. 
La puerta de mi vida esta abierta, eres tu el que decide entrar o salir de ella. 

viernes, 21 de febrero de 2014

Lo deseo.

Llegamos a casa con nuestras bocas unidas. Marius me empotra contra la puerta, tocándome los pechos. Siento su erección presionando en mi cadera. El alcohol nos ha puesto más calientes a ambos. 
Abro la puerta a ciegas y vamos directos al dormitorio. 
Me levanta por la cadera y yo rodeó su cintura con las piernas . Rasga mis medias. Sus manos están frías sobre mi piel. Un leve escalofrío recorre mi cuerpo. Lo deseo. Deseó su cuerpo. Lo quiero dentro de mi, ahora. Al minuto estamos desnudos en la cama. Yo encima de el. Me siento a horcajadas y me penetra con fuerza. 
-¡Dios! 
Echo mi cabeza hacia atrás gimiendo. Muevo mis caderas en círculos, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Aprieta mis muslos para profundizarme más. Acaricio sus abdominales, me inclino y le muerdo un pezón. Se que eso le gusta.
-Ah Mel, Mel, Mel...
En un momento de placer más intenso, clavó las uñas en uno de esos pectorales tan bien definidos... ahora el movimiento es continuo y muy duro. Esa sensación que avisa de que
se acerca el orgasmo invade mi cuerpo. 
-Eres tan sexy, Mel... Ah...
Yo me dejo llevar y alcanzo el clímax. Segundos más tarde, Marius, lo alcanza también viniendose de dentro de mi. Llenandome. 
Tendremos que cambiar las sábanas por la mañana.

jueves, 20 de febrero de 2014

Quiero oirte gemir.

Melibea parecía una frágil muñeca en mis brazos, pero ella ya me había demostrado que no era tan frágil. 
Entonces abre los ojos.
Esos preciosos ojos de dos colores, con sus pestañas largas y negras. Me mira con ternura. Coloca su mano tras mi cuello y se acerca a mis labios. Se queda ahí, a dos centímetros de mi boca. Dos personas y un sólo aliento. Hasta qué es ella quien corta con la distancia.
Separo nuestros labios sólo para dejarla de pie en el suelo y acercarla más a mi.
Mi camisa acaba en el suelo. Yo agarro el dobladillo de su camisón rosa, subiéndolo poco a poco, acariciandole los muslos. Tiene una piel tan suave... Hace que pierda la cabeza. Su camisón esta mejor al lado de mi camisa. Mis manos recorren su espalda, su cuello, sus perfectos pechos...No puedo más. Mel se detiene, pero sólo para ir más lejos. Se coloca de rodillas y comienza a desabrocharme los pantalones. Una vez ha terminado, yo, me deshago de ellos. Ahora ella me deja completamente desnudo a excepción de los calcetines.
Mi erección sale al descubierto.Ella la agarra con fuerza con una sola mano, la acerca a sus labios y besa la punta. Empieza a mover su mano, cada vez más rápido. Un ronco gemido sale del interior de mi garganta. Se la mete en la boca haciendo que suelte un fuerte suspiro.  Los ojos con heterocromía me siguen mirando. Dios... Como no pare me voy a venir en su boca. Para evitarlo, la cojo por los hombros y la levanto. 
Pestañea varias veces y las comisuras de sus labios se elevan en una pequeña pero radiante sonrisa. Rodeo su cintura para arrimarla a mi. Le apartó el pelo de la curva  de su cuello y plantó un tierno beso. Eso parece que la excita porque ferozmente me tira encima de la cama con ella. 
Sonríe más abiertamente. Su mirada dice "follame" y, ¿quien soy yo para no concederle su deseo? Giro sobre ella, estando ahora yo encima. 
Muerdo su labio inferior. Juego con sus pezones, pellizcando los entre el índice y el pulgar. Dejo un rastro de besos y mordiscos por su cuerpo hasta que me detengo en su sexo. Su tanga acaba perdiendose entre las sábanas. Abro esas largas piernas de porcelana e intruduzco un dedo dentro de ella. Eso la hace producir un sonido gutural de lo más sexy. Pasó la lengua por su clítoris. La encanta. Veo como pierde el control sobre sí misma; moviendo las caderas, gimiendo, los ojos se le ponen en blanco por el placer. 
Adoro su olor a coco y su sabor dulce. Dulce como la miel y ardiente como el pecado. Cuando percibo que esta a punto de alcanzar el clímax, paro. Quiero que lleguemos juntos. 
Vuelvo a sus labios cortados de tanto morderlos. 
De nuevo separo sus piernas con la rodilla y la tiento con mi pene. Su respiración es agitada, está ansiosa, deseosa y muy caliente.
Con mis manos por todo su cuerpo me acerco a su oído.
-Quiero oirte gemir 
Muerdo el lóbulo de su oreja y la penetro. Se le pone la carne de gallina y suelta un gemido. Nos movemos juntos, llenándonos de deseo. Llenándonos de amor. Llenándonos de placer. 
Cada vez gime más fuerte. Arañazos de pasión recorren mi espalda. Es tan excitante... No voy a poder aguantar mucho más. 
Como sí me leyera el pensamiento ella dice: 
-dámelo, lo quiero dentro.
Ese es el golpe final. 
Llegamos juntos al orgasmo, Mel gritando mi nombre. 
La erección va desaparecioendo lentamente aún dentro de ella.
Me recuesto en su pecho, su corazón late deprisa. Levanto la cabeza y la beso, diciéndole así lo mucho que la quiero.