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jueves, 20 de febrero de 2014

Quiero oirte gemir.

Melibea parecía una frágil muñeca en mis brazos, pero ella ya me había demostrado que no era tan frágil. 
Entonces abre los ojos.
Esos preciosos ojos de dos colores, con sus pestañas largas y negras. Me mira con ternura. Coloca su mano tras mi cuello y se acerca a mis labios. Se queda ahí, a dos centímetros de mi boca. Dos personas y un sólo aliento. Hasta qué es ella quien corta con la distancia.
Separo nuestros labios sólo para dejarla de pie en el suelo y acercarla más a mi.
Mi camisa acaba en el suelo. Yo agarro el dobladillo de su camisón rosa, subiéndolo poco a poco, acariciandole los muslos. Tiene una piel tan suave... Hace que pierda la cabeza. Su camisón esta mejor al lado de mi camisa. Mis manos recorren su espalda, su cuello, sus perfectos pechos...No puedo más. Mel se detiene, pero sólo para ir más lejos. Se coloca de rodillas y comienza a desabrocharme los pantalones. Una vez ha terminado, yo, me deshago de ellos. Ahora ella me deja completamente desnudo a excepción de los calcetines.
Mi erección sale al descubierto.Ella la agarra con fuerza con una sola mano, la acerca a sus labios y besa la punta. Empieza a mover su mano, cada vez más rápido. Un ronco gemido sale del interior de mi garganta. Se la mete en la boca haciendo que suelte un fuerte suspiro.  Los ojos con heterocromía me siguen mirando. Dios... Como no pare me voy a venir en su boca. Para evitarlo, la cojo por los hombros y la levanto. 
Pestañea varias veces y las comisuras de sus labios se elevan en una pequeña pero radiante sonrisa. Rodeo su cintura para arrimarla a mi. Le apartó el pelo de la curva  de su cuello y plantó un tierno beso. Eso parece que la excita porque ferozmente me tira encima de la cama con ella. 
Sonríe más abiertamente. Su mirada dice "follame" y, ¿quien soy yo para no concederle su deseo? Giro sobre ella, estando ahora yo encima. 
Muerdo su labio inferior. Juego con sus pezones, pellizcando los entre el índice y el pulgar. Dejo un rastro de besos y mordiscos por su cuerpo hasta que me detengo en su sexo. Su tanga acaba perdiendose entre las sábanas. Abro esas largas piernas de porcelana e intruduzco un dedo dentro de ella. Eso la hace producir un sonido gutural de lo más sexy. Pasó la lengua por su clítoris. La encanta. Veo como pierde el control sobre sí misma; moviendo las caderas, gimiendo, los ojos se le ponen en blanco por el placer. 
Adoro su olor a coco y su sabor dulce. Dulce como la miel y ardiente como el pecado. Cuando percibo que esta a punto de alcanzar el clímax, paro. Quiero que lleguemos juntos. 
Vuelvo a sus labios cortados de tanto morderlos. 
De nuevo separo sus piernas con la rodilla y la tiento con mi pene. Su respiración es agitada, está ansiosa, deseosa y muy caliente.
Con mis manos por todo su cuerpo me acerco a su oído.
-Quiero oirte gemir 
Muerdo el lóbulo de su oreja y la penetro. Se le pone la carne de gallina y suelta un gemido. Nos movemos juntos, llenándonos de deseo. Llenándonos de amor. Llenándonos de placer. 
Cada vez gime más fuerte. Arañazos de pasión recorren mi espalda. Es tan excitante... No voy a poder aguantar mucho más. 
Como sí me leyera el pensamiento ella dice: 
-dámelo, lo quiero dentro.
Ese es el golpe final. 
Llegamos juntos al orgasmo, Mel gritando mi nombre. 
La erección va desaparecioendo lentamente aún dentro de ella.
Me recuesto en su pecho, su corazón late deprisa. Levanto la cabeza y la beso, diciéndole así lo mucho que la quiero.

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