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miércoles, 11 de junio de 2014

Una vuelta por la luna

    Hace apenas dos minutos, mi mejor amiga, Gabriel, y yo estábamos viendo una peli con el ordenador en la cama de mi habitación. Ahora las palomitas que comíamos están desparramadas por el suelo. Gabi está encima de mí, y nuestras bocas están unidas. Sin saber el porque correspondo al beso. Entreabro más los labios, mi lengua acaricia la suya bailando. Jugando.
    Sus manos acarician mi cuerpo intentando librarse de mi camiseta.  
    -Gabi… ¿Qué haces? –Digo recuperando el aliento.
    -Déjate llevar por una vez, Mel…
    Y eso hago.
    Nuestros labios vuelven a estar juntos. Su sabor es dulce y tiene un ritmo melodioso, muy diferente al de un hombre.
    Masajea uno de mis pechos por encima de la camiseta, pero dura poco. Soy yo la que quiere más y se deshace de mi propia camiseta, la suya no tarda mucho en desaparecer también. Nuestros sujetadores se pierden entre las sábanas seguidos de mi pantalón y su falda. Ruedo sobre ella colocándome a mí encima, tomando el control. Recorro su bronceado cuerpo con la lengua hasta llegar a su centro de Venus. Separo sus piernas y muerdo el interior de ambos muslos. Su piel se pone de gallina. Con un dedo engancho su tanga de encaje negro y voy llevándolo abajo para quitárselo. La inmovilizo agarrando con los brazos los muslos. Así, además, tengo mejor accesibilidad a su sexo.  Abro sus labios y meto la lengua. Intento hacerlo como me gusta que me lo hagan a mí; meto dos dedos dentro de ella, mi boca succiona su clítoris haciéndole gemir. Agarra las sábanas y tira de ellas, encorva la espalda levantando la pelvis hacia mí. Con mi boca y mi mano derecha la sigo tocando mientras que con la izquierda yo me doy placer a mi misma.  
    Observo como pierde el control. Su cuerpo se estremece y su respiración se hace más forzada. Mis dedos siguen bailando entre sus piernas.
    Me gusta arrancarle gritos y alguna que otra palabra sucia.
    Nunca había pensado que haría el amor con una mujer, y menos que esa mujer fuera Gabi.
    -¡Ah! ¡Mel! –Llega al clímax.
    Sigue respirando de forma irregular, recuperando el aliento después del orgasmo. Acerco mi rostro al suyo poniendo los codos a ambos lados de su cabeza. Mis pezones tocan los suyos y me recorre un escalofrío. Sus ojazos verdes me miran sonriendo, acerca esa boquita que, hasta ahora, no me había percatado de que fuera tan sexy a mi oído.
    -Déjame que sea yo la que te lleve ahora a dar una vuelta por la luna. –Dice ella y yo suspiro excitada.
    Cambiamos de posición.
    Está encima de mi, su monte de Venus esta pegado al mío. Mueve su cadera de adelante a atrás a un ritmo constante. De pronto siento un dedo entrar en mi, seguido de otro más. Mi corazón se acelera. Pienso en su posición y me pregunto si estará cómoda. Probablemente no, pero no estoy segura por que en su expresión solo veo placer. Nos miramos a los ojos sin decir nada. Solo se escuchan nuestros gemidos. Llega un momento en el que no puedo más. Un hormigueo, procedente de mi sexo, se extiende por todo mi cuerpo. Oleadas de calor me ahogan, haciendo que gima más fuerte y blasfeme.
    -Joder… ¡Ah, joder Gabriel!  
    Ella también grita aunque esta vez no ha llegado a la luna conmigo.
    Saca sus dedos de mí y los mete en su boca. Vuelvo a mojarme.
    -Me gusta, me gusta mucho.

    Y dejándome totalmente aturdida y fuera de lugar sale de la habitación para meterse en el cuarto de baño.