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domingo, 21 de junio de 2015

CAPÍTULO 10



Melibea

    Solo faltan dos días para que empiece el instituto y estoy aterrada. Nunca he sido muy fan de estudiar. En el colegio evitaba a mis compañeros y ellos me evitaban a mí. No quiero volver a aislarme y tener que estar sola.
    Antoni me ha matriculado en un colegio mixto en que el tengo que llevar este uniforme. Me miro en el espejo del probador. Medias, zapatos, falda y jersey negro, camisa blanca. Me faltan las dos trenzas para que empiecen a llamarme Miércoles Addams
    -¿Cómo vas Mel? –Pregunta Antoni tras la cortina que nos separa. La abro de golpe. Antoni y Marius se quedan mirándome fijamente hasta que Marius estalla en risas. Su hermano mayor le da una colleja.
    -Estas guapísima. Te queda perfecto.
    -Qué mentiroso. No estaría mal que te cortaran un poco la falda, pareces una monja. Y cógete la camisa y el jersey de una talla menos, te están demasiado holgados.
    -Marius, es una niña, no una fulanilla de esas con las que te acuestas.
    Aunque me cueste admitirlo, Marius tiene razón. Esta falda es kilométrica.
    -Puede que si sea un poquito larga… A lo mejor se podría cortar un par de centímetros –Me sienta mal ir en contra de Antoni.
    -Bueno, pues cámbiate y vamos a que te la corten.
   

Marius

    Puedo ver los nervios de Melibea por empezar mañana en su nuevo instituto. No deja de morderse las uñas y de dar vueltas por toda la casa. Es una putada, Antoni se va a trabajar a las ocho y Melibea empieza a las nueve lo que significa que me va a tocar llevar a Mel al colegio día sí y día también.
    Estoy un poco preocupado por ella. Es muy fuerte, y eso está bien, pero es muy tímida con la gente a la que acaba de conocer. No me gustaría que Mel no hiciese amigos el primer día. Seguro que se pondría muy triste y dejaría de querer ir a clase. Eso sí, como me entere de que alguien le hace algo…
    Pongo la cena recién hecha encima de la mesa.
    -¿Es solomillo con ciruelas lo que huelo?
    -Elemental, querido Antoni.
    Nos sentamos los tres a la mesa con nuestros estómagos rugiendo, pidiendo comida. Empezamos a cenar y el tema del instituto no tarda mucho en salir.
    -¿Estás nerviosa Melibea? –Le pregunta Antoni a Mel.
    -No. –Mentirosa- ¿Y tú? ¿No te da miedo viajar en avión? 
    Mi hermano se va mañana tres días a Alemania. Trabajo, como siempre.
    -Al final te acabas acostumbrando. –No se como Antoni puede subirse tan tranquilo a un avión. Yo les tengo pánico. Cuando viajo alguien siempre acaba por drogarme, suele ser la mejor opción.
    -Mel, tengo una gran noticia para ti. Te toca fregar los platos.
    -¡¿Pero qué dices?! ¡Si los fregué yo ayer!
    -Doy fe de ello –Interviene Antoni.
    -No, yo me niego a fregar los platos. Encima de que os hago la cena, desagradecidos. Soy el cocinero, el cocinero nunca friega sus platos. Sería caer muy bajo. –Replico.
    -Pues creo que te vas a caer –Dice Antoni levantándose de la mesa y dejando bien claro a quien le va a tocar recoger la cocina esta noche.




    Me tiro en la cama de golpe, Mel viene detrás.
    -Hazme un hueco.
    -¿Duermes conmigo?
    -Sí, sino corro el riesgo de que te encierres a traición en tu habitación por la mañana con tal de fastidiarme para no llevarme a clase.
    -Siempre me quedará la opción de encerrarte aquí conmigo –Acerco mucho mi cara a la suya. Melibea me aparta con un manotazo.
    -Deja de hacer el idiota. Se que te cuesta, ya que eres idiota, pero creo que al menos podrías intentarlo.
    -Anda, que es tarde para discutir. Vamos a dormir-
    -Bien. Buenas noches Marius.
    -Buenas noches Mel.





Melibea

    Mi mano ha quedado atrapada por el inmenso y pesado cuerpo de Marius. Mierda, a ver como la saco de ahí sin despertarlo. ¡Qué molesto! Se me está empezando a dormir la mano. Gírate, por favor, gírate, Lo empujo un poco y el se revuelve en la cama. ¡Al fin! Mi mano ha sido liberada. Qué alivio, yo ya me estaba agobiando.
   



    -¡Venga! ¡A despertar bestias durmientes! –Grita Antoni levantando todas las persianas de la habitación de Marius. Es la primera vez que siento verdaderas ganas de darle un puñetazo- Mel, desierta. Quiero hacerte una foto de tu primer día en el cole.
    -Joder Antoni… Aunque parezca que tiene tres años, no significa que los tenga.
    Ignorando su comentario me cubro los ojos con la sabana.
    -Adelante Marius –Escucho a Antoni decir.
    Algo, mejor dicho, alguien agarra  mis tobillos y me tira fuera de la cama. Aterrizo en el suelo con el culo.
    -¡Au! Si ya iba a levantarme… - Me levanto del suelo con el trasero aún dolorido. Voy al baño y al salir les doy un manotazo a los dos italianos en el brazo que se ríen mirándome.
 



    Marius me espera en el salón para llevarme a clase. Tiene la cámara preparada a petición de Antoni.
    -Sonríe –Me dice poniendo una mueca divertida. Clic.
    Tengo el estomago cerrado por los nervios y solo me entra un vaso de leche con colacao.
    Ya estamos en frente de la puerta del colegio. Veo a muchos chicos y chicas vestidos como yo. Los chicos con pantalones, evidentemente. La mayoría va en grupos y todos van entrando por la puerta principal. Creo que voy a vomitar.
    -¿Quieres que entre contigo? –Me pregunta Marius.
    -No, no hace falta.
    Salgo del coche y entro en el colegio. Siento que todas las chicas clavan en mí sus ojos y hablan entre ellas. No se si eso debe de ser muy bueno.
    Sigo al gentío y acabo entrando en el gimnasio del colegio donde todos los alumnos se sientan en las gradas. Yo tomo asiento en una fila casi vacía y dejo la mochila en mis pies. Las gradas se van llenando más y más, pero nadie se sienta a mi lado. Entonces la directora del centro, una señora bajita y con el pelo encanecido por la edad, se sube a una improvisada tarima de madera con el micrófono en la mano.
    -¡Buenos días alumnos y alumnas del colegio Sant Beda! Veo que hay caras nuevas entre nosotros… Espero que os comportéis con ellos como si llevaran toda la vida con nosotros y les deis una calurosa bienvenida. Se que todos estáis deseando empezar las clases… -Un murmullo envuelve el gimnasio- Silencio por favor. Como ya sabréis…
    La directora es interrumpida una segunda vez. Un chico y una chica entran haciendo un gran estrépito y riendo a carcajadas. Todas las miradas de la sala se clavan en ellos.
     -El señor y la señora Fernández, que inusual en ustedes llegar tarde.
     -Lo sabemos. Verá, es que de camino aquí nos hemos encontrado con una ancianita que necesitaba nuestra ayuda para cruzar la calle, pero de repente ha aparecido una nave espacial que...-Empieza a decir la chica,
     -Claro que sí Gabriel, siéntense por favor. -Corta la directora. El chico le dedica un saludo militar y los dos se dirigen a los únicos asientos libres.
     -Mira Alex, carne fresca. -Dice ella sentándose a mi derecha, él se sienta a mi izquierda.
     Yo me encojo en mi asiento.
     -¿En qué curso estás? ¿Primer año? -Me pregunta el pelirrojo.
     -Tercero. -Respondo.
     -¡Genial! Entonces estaremos en la misma clase, lo se. Es que soy bruja. -Dice.- Yo soy Gabriel, y este es mi hermano Alex.
     Alex me dedica una sonrisa de dientes blancos. Es alto y delgado, pero se le ve un chico atlético. Tiene los ojos verdes y la tez rosada, como su hermana. Él y Gabriel son realmente parecidos.
     -¿Sois gemelos? -Decido preguntar.
     -Vaya, la gente suele presentarse antes de preguntárnoslo -Mis pómulos se encienden- Solo estaba bromeando. Mellizos, somos mellizos.
     -Entonces... -Empieza a decir Alex mirándome.
     -Ah sí, claro, perdón -Mierda, no se por que estoy tan nerviosa- Me llamo Melibea.
     -¿Melibea? ¿Eso de dónde es?
     -Grecia.
     -¿Eres griega? -Preguntan los mellizos al unisono.
     -Sí. -Sonrío.
     La directora sigue y sigue hablando sin que nadie ya le preste atención.
     -¿Y sabes hablar griego? -Preguntan otra vez al mismo tiempo. La verdad es que da un poco de miedo pero yo asiento y me río.
     -¡Qué pasada! Di algo en griego. -Gabriel parece realmente entusiasmada. Odio que me pidan hablar en mi idioma natal, nunca se que decir. Me es bastante incomodo.
     -¿Qué quieres que diga?
     -Di "Alex Fernández es el hombre con el que cualquier mujer querría echar un polvo"
     -Mejor di "Alex Fernández es el hombre más gay con el que cualquier simio descerebrado querría pasar un buen rato". -¿Alex es gay? No creo. Unas voces femeninas ríen a nuestras espaldas. Me giro y me encuentro con tres chicas, todas rubias, mirándonos con aire de superioridad.
     -Perra mala. Sofía, deja de ladrar -Alex no parece afectado pero su hermana luce bastante cabreada. Creo que está intentando controlar el impulso de saltar y arrancarles la cabeza. La pelea acaba antes siquiera de empezar y todos nos centramos en la voz de la directora.
     -Y ahora los profesores procederán a llamar a cada alumno y deberán ir bajando para dirigirse junto con él o ella al aula correspondiente.
     Los profesores llaman a sus alumnos y estos bajan de las gradas junto a ellos y se van a su clase.
     -Melibea Dalaras. -Yo, Les dedico una pequeña sonrisa a Alex y a Gabriel y bajo con mi profesora. Espero que, como ha dicho Gabriel, estemos en la misma clase. Mi profesora es una señora robusta de pelo rubio teñido y rostro amable. -Gabriel Fernández. Jaime Garces.
    Qué miedo, a ver si al final resulta que de verdad Gabriel es bruja. Pero, ¿y Alex? Pensaba que serían como un pack... Es una pena.
    Somos alrededor de veinte alumnos en mi clase, entre los cuales está la chica esa tan desagradable de antes. Me siento al lado de Gabriel. No tiene libros, ni mochila, ni siquiera un bolígrafo para apuntar. Lleva el pelo rizado enredado en un moño y tiene una rasta que le llega hasta el pecho, adornada con un abalorio plateado. La profesora se pone en pie.
    -Muy buenos días a todos. Esperen, ¿la mayoría son mujeres? -Toda la clase ira a su alrededor y asiente. Trece chicas, nueve chicos.- Pues lo lamento, varones. Hablo en femenino.
    Todos los chicos refunfuñan mientras las chicas sonríen satisfechas. Creo que me va a caer bien esta mi nueva profesora.



Marius 


     Hace un buen rato que he dejado a Mel en el colegio. Me pregunto qué tal le irá. Me tiro en el sofá del salón sin absolutamente tener nada que hacer, cojo el móvil. Voy a mi agenda de contactos en WhatsApp y miro los nombres y la foto de perfil de las chicas que se que todavía no me quieren ver muerto. Carlota, Carolina, Marta, Sara... Hum Saskia. Sí, me acuerdo de ella. Era una rusa que conocí hace un par de semanas. Podría llamarla, así tendría algo que hacer a parte de no hacer nada. 
     -¿Saskia? Soy Marius. Si. Pues claro que pensaba llamarte, ya me ves. Deja lo que estés haciendo, te paso a buscar y tomamos algo en mi casa. Si. Venga, Hasta ahora. 
     Salgo de casa y cojo la moto para ir a la dirección que me ha dicho la rusa. Qué fáciles que son algunas tías. Así no mola. El polvo se disfruta siempre mucho más si antes te has trabajado bien a la chica. 



    Cierro la puerta de la entrada de un portazo mientras beso a Saskia con mucho hambre. La empotro contra la pared y mis manos desabrochan los infinitos botones de su camisa. Al final esta cae al suelo. Saskia tira de mi camisa por encima de mi cabeza. La ropa empieza a acabarse. La llevo hasta el sofá y ella es la que se tumba encima de mí. Hago el ademán de levantarme, pero Saskia me tumba de nuevo. 
    -Espera, tengo que ir a por un... -Sus labios devoran los míos. 
    -No te preocupes por eso. -Vale. 
    He de decir que su acento hace que la desee más. La penetro con mis manos en sus caderas, ella se mueve lujuriosa encima de mí. 
    Los dos nos acercamos al orgasmo y, justo antes de llegar, un pensamiento brota en mi cabeza. Melibea.  











Aqua.

                                                                      Melibea 

    La luna tiembla en el agua. Marius está de espaldas a mí, dentro de la piscina. Yo me acerco. Dejo que los pantalones caigan al suelo, seguidos de mis bragas y de mi camiseta. Estoy desnuda, Marius se gira y me observa en silencio. Me siento en el borde de la piscina y meto los pies en ella. 
    -¿No entras? -Pregunta Marius. 
    -No se, el agua está demasiado fría. -El agua está en su temperatura ideal, ni muy fría ni muy caliente. Marius abraza mis piernas y besa primero una de mis rodillas, luego la otra. 
    -Yo podría calentarla para ti. 
    -Me gusta ser yo quien la calienta. 
    -¿Seguimos hablando del agua? -Tengo que morderme el labio para intentar reprimir una sonrisa. -Ven aquí. 
    Rodea con su brazo mi cintura y me mete con cuidado en la piscina. Un escalofrío recorre mi espalda y mis pezones se endurecen. Marius me presiona con su cuerpo contra el bordillo. Sus ojos se clavan en los míos, nuestras narices se tocan y siento su entrecortada respiración en mis labios. Su bañador se aleja flotando en el agua. Mi libido se enciende con el suyo. Presiona más su pene erecto contra mi monte de Venus. Con mi mano cojo su miembro y lo llevo dentro de mí. Marius cierra los ojos. Respiro contra sus labios y poso un suave beso en ellos. Se mueve despacio, como si quisiera sentir cada estocada al máximo y el mayor tiempo posible. El agua que nos rodea tiembla con nuestros movimientos. Marius atrapa mi cara entre sus manos y me besa. Nuestras lenguas se encuentran y se mueven juntas. La mano izquierda de Marius baja hasta mi clítoris y con su dedo anular lo masajea, ahogo un gemido dentro de su boca. Mis piernas tiemblan y, antes de que me hunda más en el agua, él me sujeta por la cintura dándome estabilidad. Acabo por enrollar mis piernas en su cadera, así es más fácil. Sus estocadas aumentan la velocidad y mis músculos se contraen en respuesta. Lo abrazo y entierro la cabeza en su cuello. 
    -Marius... -Susurro. Clavo los dientes en su hombro como señal de placer. Él gime y me presiona más contra él. 
    Nuestras lenguas vuelven a encontrarse. Marius atrapa mi labio inferior con sus dientes y tira de él suavemente. 
    -Mel, ¿qué me estas haciendo? -Sus ojos me miran llenos de dulzura. Gruñe. 
    Marius acaricia mis pechos debajo el agua y pellizca mis pezones. Yo suelto una pequeña risita. Mis dedos repasan sus ejercitados abdominales. Se acerca a mi oído y me muerde la oreja. Se me eriza toda la piel. Siento como mi corazón se acelera. Nos movemos juntos, su respiración es más fuerte que antes. El calor inunda mi bajo vientre y se expande por todo mi cuerpo. De mi boca se escapan varias palabras prohibidas. Llego al orgasmo antes que Marius, que me besa alcanzando su propio placer regando mi sexo con su semilla. Salimos juntos del agua. Él cubre su cintura con una de las toallas y coge otra para mí y me enrolla en ella abrazándome. Planta un beso en mi frente. 
    -Venga, vamos a dormir renacuaja.