Instagram

martes, 15 de septiembre de 2015

CAPÍTULO 12


Melibea


    Me levanto de la cama con cuidado de no despertar a Marius y voy directamente a la ducha. Me gusta ducharme por las mañanas, me ayuda a deszombificarme.
    Cuando bajo al salón, ya preparada para ir al colegio, el desayuno esta servido en la mesa y Marius me espera sentado para empezar a comer.
   -¿Qué me has cocinado hoy, chef? –Pregunto desde mi asiento balanceando los pies que apenas rozan el suelo.
    -Gofres con frutos rojos y batido de chocolate. No te quejaras eh… -Me relamo pasando la lengua por mi labio superior. Me ofrece mi plato y yo lo cojo. -¿Has dormido bien? Esta noche no he recibido muchas patadas por tu parte.
    -Sí, bien. Aunque tengo cierto dolor de espalda que me lleva dando guerra desde ayer. –Estiro los músculos.
    -Será que has dormido en una mala posición.
    -O que mi almohada está perdiendo facultades. –Cuando empecé a dormir más a menudo con Marius, empecé también a compararle con una almohada.   
    -¿Tú almohada? No te engañes, a mi me usas como al colchón entero. Anda, como y calla o llegarás tarde a clase.  



Marius


    Han pasado unas horas desde que deje a Melibea en el colegio. Volví a casa y estuve entrenando en el pequeño gimnasio que tenemos aquí montado. Mi teléfono móvil empieza a sonar y en la pantalla aparece el nombre de Mel. Descuelgo.
    -Oye renacuaja, ¿tú no deberías estar en clase?
    -Marius tienes que venir a ayudarme –Le tiembla la voz, es como si estuviera reprimiendo las ganas de echarse a llorar.
    -Mel, ¿estás bien?
    -Sí, sí. Estoy bien, es sólo que… Pues que, hum… Que me ha bajado la regla por primera vez. –Siento como mi preocupación desaparece. ¿No es muy mayor para su primera regla? ¿O muy pequeña? No se, soy un hombre, yo de estas cosas no entiendo.
    -¿Dónde estas ahora? 
    -Me he metido corriendo en el baño de las chicas del primer piso.
    -Voy para allá.
    Cojo una chaqueta y las llaves del coche antes de salir de casa. Es una suerte que tengamos un supermercado tan cerca de casa.
    Bien, ya estoy dentro. Ahora solo necesito adivinar que coño es exactamente lo que necesita Melibea. Joder, ¿y si compro todos y luego que elija ella? Vale. Cojo varias cajas, todas las que puedo llevar encima, y pago. Voy a una velocidad mayor de la permitida, cosa que nunca haría si Melibea estuviera conmigo en el coche. Ya me ha dejado bien en claro que no le gusta que corra. Por suerte no hay mucho tráfico a estas horas y llego más rápido de lo que pensaba. Puede que no debiera  entrar en un colegio con una bolsa llena de “cosas para chicas”. La dejo en el coche y entro en busca de Melibea.
    -Buenos días. Soy Marius Beanato, el hermano del tutor de Melibea Dalaras. Me ha llamado diciendo que no se encontraba bien y he venido para llevármela a casa. ¿Dónde podría encontrar el baño? –Pregunto a la recepcionista que me mira como si no le importara nada de lo que acabo de decir.
    -Al fondo a la derecha –Responde masticando un chicle con la boca abierta.
    -Gracias.
    Voy aligerando el paso hasta el baño y por un momento dudo entre entrar o quedarme fuera. Emergencia o no sigue siendo el lavabo de señoritas, y yo sigo teniendo pene. Al fin me decido a entrar.
    -¿Mel? –Una de las puertas del baño se abre un poco y por ella asoma una mano pequeña, pálida y casi sin uñas.
    -Estoy aquí. –Dice Melibea con un hilillo de voz.
    -Sal, que te llevo a casa.
    -¿Me has traído ropa para cambiarme? –Mierda. Sabía que se me olvidaba algo. Melibea me va a matar.
    -Pues… -Ahora es su perfilada cabecita la que se asoma por la puerta. Sus grandes ojos me lanzan una mirada de pocos amigos. Creo que está intentando estrangularme con la mirada.
    -¡Joder Marius! No puedo salir así... –Veo como sus ojos se llenan de impotencia y, a su vez, de lagrimas.
    -Toma –Le ofrezco mi sudadera- Enróllatela a la cintura para que no se vea nada. Puedes cambiarte cuando lleguemos a casa. –Con una mano coge la chaqueta y vuelve a encerrarse en el baño para volver a salir pocos segundos después.
    -Vamos, preferiría que no me viese nadie ahora mismo.  



Melibea


    Si esto es lo que significa ser mujer, no me gusta.
    Ojala estuviera aquí mi madre para darme esa típica charla madre e hija, pero tenía que ser Marius el que me diera esa charla. Ha sido un momento realmente incomodo. Me ha abordado con miles de paquetes de compresas y tampones, y, sin tener ni idea, ha intentado explicarme el funcionamiento de cada cosa como si acabara de enterarme de la existencia de la menstruación. He estado como una hora entera encerrada en el cuarto de baño. Estoy nerviosa, me incomoda la idea de pensar en que tengo que meterme “eso” “ahí”. Primero tengo que mentalizarme.   
    Salgo del baño sintiéndome un poquito diferente.
    Marius me mira bajar por las escaleras y siento como el calor me sube hasta las orejas. Me siento a su lado.
    -¿Qué tal? –Me pregunta alzando una ceja. No sabía que supiera hacer eso, yo no puedo hacerlo. Lo cierto es que no tengo ninguna habilidad rara. No se mover las orejas, no llego a tocarme la lengua con la nariz, no puedo mover los dedos de alguna forma extraña… Lo único que podría considerarse fuera de lo normal es mi flexibilidad, estoy hecha de goma y sin haber entrenado nunca para ello.
    -Bien, pero no quiero hablar de ello. Nunca más.
    -Me parece genial, tampoco ha sido una experiencia muy agradable para mí.
    Estamos un rato en silencio hasta que Marius decide romper el hielo.
    -Supongo que no querrás que te lleve de vuelta al colegio.
    Apoyo mi cabeza en su hombro y le ofrezco la más dulce de mis sonrisas acompañada por una mirada de angelito.
    -Podrías llevarme a hacer algo divertido –Le propongo. Él me devuelve la sonrisa.
    -¿Qué es para ti algo divertido? –Me pregunta transformando su tierna expresión en una diabólica y juguetona. Mi bajo vientre se queja dentro de mí y suelto un pequeño gemido de dolor doblándome hacia delante, tumbándome encima de Marius. Abrazo mi estómago. Esto no me gusta. Marius posa su mano en mi brazo desnudo.- ¿Estás bien?  
–Su aliento choca contra mi pelo y se me eriza la piel por su repentina cercanía y calidez.
    Me levanto de un salto.
    -Perfectamente. Creo que ya se a donde quiero que me lleves.
    -Ilumíname.
    -Al cine. Nunca antes he ido al cine. –Se que sonará estúpido, pero tengo muchas ganas de ir. Me da igual la película, sólo quiero ir al cine, sentarme en una butaca y comer palomitas saladas.
    -¿De veras nunca has ido? –Parece totalmente incrédulo- He de remediar eso. Espera aquí, tengo que coger unas cosas de arriba. –Marius se aleja rápido por las escaleras mientras yo espero sentada.
    -¿Marius? –Está tardando más de lo normal para coger “unas cosas”. Acaba bajando trotando con una bolsa cargada al hombro. No pensé que para ir al cine fuera necesario llevar algo más que el dinero suficiente. -¿Qué llevas en la bolsa?
    Su cara se ilumina y sus labios reprimen una sonrisa.
    -Es una sorpresa, vamos. –Me coge de la mano y juntos salimos de casa. Su mano se siente cálida junto a la mía.

    Se que muchas veces puede ser bastante insoportable, pero lo compensa con sus estúpidos detalles y me encanta.