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sábado, 26 de marzo de 2016

CAPÍTULO 15


Melibea

     Que alguien me pegue un tiro y acabe con mi sufrimiento. No quiero moverme de la cama en todo el día. Me encuentro mal, tengo náuseas y mi cabeza parece que va a explotar. Por lo menos Marius ha sido considerado conmigo y no me ha despertado como hace siempre. Espero que no le haya contado a Antoni lo que pasó ayer. Recuerdo algunos momentos con demasiada claridad, como cuando vomité en los zapatos de una chica a la que ni conocía. Otros están más borrosos, no recuerdo como llegué a casa. Supongo que Gabriel llamaría a Marius para que fuera a buscarme. Todavía no logro entender cómo puede acabar así, solo le di un par de tragos a la botella Álvaro. Sabía fatal. Me quemaba la garganta y sentía que se me cortaba la respiración. El alcohol es asqueroso, nunca más volveré a beber.
     Me levanto de la cama y veo cómo cambia mi perspectiva de las paredes de la habitación, creo que sigo borracha. La resaca del día después no compensa la noche del día anterior. Salgo de la habitación y bajo con cuidado las escaleras, Zeus me sigue moviendo la cola. Marius está sentado en la barra de la cocina, tiene entre las manos una taza de café.
     -Buenos días pequeña borrachilla, ¿te sirvo una copa? –Marius se ríe por dentro y yo le lanzo una mirada llena de odio. Vuelve a abrir la boca y yo solo espero que deje las bromas absurdas. –Te he dejado en la encimera un zumo y una aspirina, no te recomendaría desayunar todavía.
     Asiento con la cabeza para darle las gracias y me tomo la aspirina con un sorbo de zumo de naranja. En unos minutos me sentiré mejor. Me siento al lado de Marius en la barra y nos miramos.
     -¿Has hablado con Antoni? –Le preguntó.
     -Sí, llega dentro de poco. Y no, no le he dicho que tuve que subirte en brazos hasta a casa porque no podías ni mantenerte en pie. –Es cierto, recuerdo los fuertes brazos de Marius sujetándome.
     -Gracias… Por todo. No pensé que acabaría así.
     -Tú nunca piensas, mocosa. Con lo pequeña que eres seguro que solo con oler el alcohol ya estarías borracha.
     -Cállate. Se me fue un poco la mano, eso es todo.
     Marius sonríe con ternura, yo me sonrojo. Se levanta y va a sentarse al sofá. Una vez he terminado mi vaso de zumo, le sigo.
     -En un rato iré a recoger a Antoni, supongo que prefieres quedarte en casa y arreglarte un poco. Parece que has estado durmiendo en una pocilga.
     -Pues no, pero sí que he dormido con un cerdo.
     -Deja de hacerte la graciosa y ve a meterte en la ducha. –Al pasar por delante de él me pone la zancadilla y no me doy de morros contra el suelo gracias a que me sujeta antes. Le miro poniendo los ojos en blanco y me meto en la ducha.



     Bajo las escaleras de dos en dos y corro a abrazar a Antoni. Él me devuelve el abrazo. Cuando nos despegamos el uno del otro Marius aparece por detrás y se queda ahí parado mirándonos sin decir nada.
     Vamos al salón a sentarnos y Antoni nos cuenta como ha sido su viaje. Dice que no ha podido ver mucho de Berlín ya que tenía mucho trabajo, pero si ha visto lo suficiente como para querer volver allí algún día.
     -A ver si el próximo viaje podemos hacerlo los tres juntos. –Dice Antoni.
     -Con lo pequeña que es Melibea igual nos dejan llevarla como equipaje de mano y nos ahorramos su billete. –Marius se ríe y yo le doy un puñetazo en el brazo. –Cuidado no te vayas a romper la muñeca. –Empiezo a pegarle más fuerte mientras el sigue riendo.
     Su hermano pone los ojos en blanco y lanza un suspiro.
     -Me alegra ver que todo sigue igual que antes.
     Mi móvil vibra. Voy a cogerlo preguntándome quien me habrá enviado un mensaje, no hay muchas posibilidades y está claro que Marius y Antoni no han sido. Es de un número desconocido.

¿Qué tal, Melibea? ¿Terminaste bien la noche sin mí?

     Espera… No será… ¿Cómo se llamaba el chico tan guapo de ayer? ¿Alberto? No, Álvaro. Se llamaba Álvaro. Pero no recuerdo haberle dicho mi nombre, y mucho menos haberle dado mi número de teléfono. Seguro que esto es cosa de Gabriel. Me levanto y me meto un momento en el baño para llamar a Gabriel. Marco su número y cuando descuelga no le doy tiempo a hablar.
     -Gabriel, ¿has sido tú la que le ha dado mi número a tu amigo Álvaro?
     -Hola a ti también. Se lo diste tú tras el tercer chupito de vodka, ¿no te acuerdas? Yo sólo le dije que no intentara hacer nada raro contigo, que le estaba vigilando.
     -Y no hicimos nada raro, ¿no? –Tengo la mayor parte de la noche borrosa y empiezo a preocuparme por lo que haya podido pasar o lo que haya podido hacer.
     -Claro que no, pero él estaba loco por besarte –Me quedo en silencio. Imagino la escena de Álvaro dándome mi primer beso. Sonrío pensando en que no me importaría que pasara y un muy ligero rubor rosa cubre mis mejillas. -¿Mel? ¿Sigues ahí?
     -Ah sí, perdona. –Contesto. –Es solo que… ¿De verdad crees que quería besarme?
     Escucho la gran carcajada de Gabriel desde el otro lado del teléfono.
     -No lo creo, lo sé. Al igual que sé que tú también te morías por que te besara. Pero yo no podía permitir que lo hiciera mientras estabas borracha. El primer beso de una persona tiene que ser especial.
     -Espera, ¿cómo sabes que nunca me han besado? No recuerdo habértelo dicho nunca…
     Cada día mi mejor amiga me da más miedo. Me sorprende lo poco que siento que la conozco y lo mucho que parece saber ella sobre mí.
     -Soy bruja, deberías haberte dado cuenta ya. –Ambas nos reímos pero su risa es más forzada, como si hubiera tratado de quitarle importancia al asunto pero realmente pensara que es bruja. Bueno, en la edad media la gente quemaba a las pelirrojas porque pensaban que eran brujas. Igual está diciendo la verdad, o simplemente está un poco loca. –Tengo que colgar, nos vemos el lunes en clase. ¡Chao! –Y cuelga.
     Salgo del baño y vuelvo al salón con los hermanos Beanato. Todavía no he respondido al mensaje de Álvaro, sigo pensando en las palabras exactas que debo escribir para no quedar mal con él. Ya no sé si tendría que seguir haciéndome la dura, pero era divertido.

Bien. Cuando te fuiste pude empezar a divertirme.

     Enviar.
     Aprieto el móvil con las manos de la emoción. Espero que me conteste pronto. Marius se levanta a beber agua a la cocina. Mi móvil vuelve a vibrar y lo cojo corriendo para leer su mensaje. Antoni me mira divertido, como si supiera con quien estoy hablando.

Auch, eso me ha dolido. Ya no sé si debería invitarte a tomar algo conmigo.

     -¿Quién es Álvaro? –Del susto se me cae el móvil al suelo. Lo recojo y miro con temor la pantalla asegurándome de que no se ha roto nada. Marius sigue esperando una respuesta. Yo no le miro cuando le contesto.
     -Nadie. –Me meto el móvil en el bolsillo. Si Marius se enterará de que estoy hablando con un chico que me gusta no dejaría de hacer bromas estúpidas al respecto. Prefiero dejarle fuera de esto. Me levanto y me voy a mi habitación. Allí puedo estar a gusto y sin preocuparme del cotilla de Marius. Me llega otro mensaje.

Sal conmigo, y prométeme que no me tiraras la bebida encima como anoche.

     Oh Dios mío, ¿de verdad hice eso? Qué vergüenza. Quiere salir conmigo. ¿Qué le digo? Estoy muy nerviosa, no sé si seré capaz de estar con él tanto tiempo a solas. Y eso que siempre estoy con Marius y he dormido mil veces con él pero es diferente. Por muy guapo que sea, a Marius no le veo de esa forma. ¿Y si me besa? Yo no sé cómo se da un beso. ¿Y si le muerdo? Creo que no estoy preparada para esto. Pero es tan guapo… Quiero quedar con él y pasarlo bien. Además, tampoco creo que me besará así de repente. Casi ni nos conocemos. Voy a respirar y a contar hasta diez. Uno, dos, tres, cuatro, cinco… Vale, no puedo tardar tanto en contestarle. Va a pensar que paso de él. Tengo que tener valor.

¿Hora y lugar?

     Ya no hay vuelta atrás.

Pásame tu dirección y voy a recogerte con la moto. ¿Te viene bien sobre las seis?

     ¿Con la moto? Tiene que ser una broma.



Marius

     No estoy seguro de lo que acaba de pasar. Melibea se ha ido corriendo a su habitación cuando le he preguntado acerca del chico que le acababa de mandar un mensaje. Prefiero pensar que sólo será un chico de su clase que le ha preguntado acerca de los deberes o algo de eso. Aunque parece que se ha llevado un buen susto cuando he aparecido, una persona no se asusta tan fácilmente si no tiene nada que ocultar. Me pregunto si a ese chico le gustará Mel. Es lógico, ¿a quién no podría gustarle? Es cierto, a mí. Porque ella es una niña y yo soy un adulto, aunque haya veces en las que se me olvide. Como cuando la veo sonreír, o simplemente cuando la veo. Espero que a Melibea no le interese ese chico. Cuanto más pienso en ello más me hierve la sangre.


Melibea

     Estoy nerviosa. No puedo creer que vaya a quedar con él de verdad. Tengo un nudo en el estómago que poco a poco se hace más fuerte. Ya debe de estar a punto de llegar. Antes de salir de casa me despido de Marius y de Antoni.
     -He quedado con un amigo para dar una vuelta, volveré pronto.
    Los dos se lanzan una cómplice mirada mientras yo salgo por la puerta.
    Camino de un lado a otro fuera del edificio esperando a que Álvaro venga a recogerme. Miro la hora en el reloj de mi móvil, todavía no son las seis. Sé que soy una impaciente pero no podía quedarme más tiempo en casa pensando en lo que podría llegar a pasar esta tarde. Álvaro aparece montado en su moto con el casco puesto. Me coloco el pelo detrás de la oreja, luego lo vuelvo a soltar y me quedo con él jugando entre mis dedos. Paro antes de que piense que sólo soy una niña tonta. Saludándome se acerca a darme dos besos. Saca otro casco del pequeño maletero y me lo ofrece. Me ayuda a ponérmelo. Miro su moto y la comparo con la de Marius. Esta es mucho más pequeña y menos nueva. Tiene varios arañazos y alguna que otra abolladura. No me inspira mucha confianza. Respiro hondo y me subo detrás de él, sujetando su cintura. Me arden las mejillas. Arranca y salimos disparados a la ciudad.
     La tarde se me pasa en un abrir y cerrar de ojos. Vamos a una heladería donde compramos un helado para cada uno y, con la moto aparcada, caminamos juntos mientras hablamos de mil cosas por el paseo marítimo. Antes de las nueve de la noche volvemos a por la moto para que me lleve de nuevo a casa.
     -Me lo he pasado muy bien, gracias. –Le digo bajándome de la moto. Él también baja y me acompaña hasta la puerta.
     -No tienes por qué darme las gracias. Ha sido un placer y espero que pueda volver a verte –Sonríe de la forma más dulce en la faz de la Tierra y yo siento que me derrito por dentro. –Adiós Melibea. –Hace el ademán de irse pero vuelve su cara contra la mía y sujetándome la barbilla me besa. Un calor intenso inunda mi cuerpo, me siento extraña. Su lengua se mueve dentro de mi boca y no siento asco. Nuestros cuerpos se juntan más, pongo las manos detrás de su cuello. Hasta ahora no sabía muy bien que hacer exactamente con ellas. Cuando nos separamos no soy capaz de mirarle a los ojos pero sé que él me mira a mí sonriendo.
      Espera subido en la moto hasta que yo entro en el edificio. En el ascensor me miro en el espejo y me pregunto si se me verá cambiada, si la gente podrá ver que ya me han dado mi primer beso. No puedo dejar de pensar en el beso. Siento que aún me falta el aire.
      Antoni me abre la puerta y se queda quieto mirándome con una sonrisa de medio lado. Lo sabía, puede verlo en mi cara. Yo suelto una pequeña risa algo histérica y entro en casa.
     -Bueno, ¿qué tal con tu “amigo”? –Antoni sigue mirándome cómo si tratara de reprimir una fuerte risa. No puedo dejar de sonreír y cuando le respondo se me escapa otra risa.
      Marius aparece en el umbral de la puerta de la cocina. Él no sonríe.
      -Me voy a la cama. –Dice.
     -¿Ya? ¿Es que no vas a cenar? –Le pregunta su hermano.

     -No tengo hambre. –Y se va.