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martes, 14 de noviembre de 2017

Sin respuesta

     El fuego ardía en su mirada cuando comenzó a desabrochar los botones de su camisa. Despacio, muy despacio. La observaba en silencio, mi corazón latía con fuerza dentro de mi pecho. Permitió que fuese yo el que terminara de quitarle la camisa. Deslicé mis manos por su cuello, siguiendo el camino de sus hombros. Disfruté cada segundo en el que mis dedos entraron en contacto con su tersa y suave piel. Detuve mi mirada en la curvatura de sus pechos, aún escondidos tras su sujetador de encaje negro. Se acercó a mí.
     Tomando mi cuello acercó sus labios a los míos. Revolvió todo en mi interior. Abriendo mi boca encontré su lengua, que me acarició de forma melodiosa, con una delicadeza que me era difícil de explicar. Desabroché su sujetador con nuestras bocas aún unidas en aquel cálido beso.
     Continuamos quitándonos la ropa el uno al otro. Su pecho pegado al mío, mi sexo rozando el suyo. Nuestras respiraciones eran fuertes, agitándose más con cada caricia, con cada beso, con cada movimiento de cadera.
     Se tumbó en la cama y con sus manos comenzó a acariciar su cuerpo. Masajeó sus pechos, haciendo hincapié en sus endurecidos pezones. Poco a poco recorrió su vientre plano, hasta llegar a su suave monte de Venus. Abrió las piernas ante mí mientras se masturbaba. Jugaba con su clítoris, metiendo un dedo en su interior cada pocos segundos. Pude ver como su espalda se arqueaba y sus piernas temblaban de placer. Sin apenas darme cuenta yo también me estaba masturbando.
     -Ven. –Dijo en un suspiro.
     Me tumbé encima de ella. Posé un beso en sus labios y acto seguido recorrí su cuello con la lengua. Nuestros cuerpos estaban ardiendo. Separé sus piernas con ayuda de mis rodillas y entre en ella. Soltó un pequeño gemido que contenía mi nombre. Nuestras caderas se movían sincronizadas. Sentía como ella se envolvía en mí. Sus pezones rozaban mi pecho. Olas de electricidad recorrían mi cuerpo mientras la penetraba. Clavaba sus uñas en mi espalda y gemía contra mi oído. Enterró su cara en mi cuello. Se apretaba con fuerza a mí, haciéndome entrar profundamente en ella. Cerré mis puños como señal de que mi clímax se acercaba.
     -¿Llegas? –Susurré contra su oreja.
     Ella gimió como respuesta.
     Gritó mi nombre mientras alcanzaba el orgasmo. Regué su interior con mi semilla y deje que mi erección desapareciera en ella.
     Me tumbé a su lado y nos quedamos en silencio unos segundos. Ella encendió un cigarrillo. Marlboro Red. La miré, vi como el humo se escapaba de sus labios y su expresión se relajaba. En ese momento lo supe.
     -Estoy enamorado de ti.

     Ella no respondió.